¡Oh mi ensueño, mi ensueño,/ vanamente me exaltas!;/ ¡Oh mi inútil empeño/ por subir donde subes!/ Estas alas tan cortas/ y esas nubes tan altas,/ y estas alas queriendo/ conquistar esas nubes! -Rubén Martínez Villena-

Ich

Mi foto
La Villa Gris, Spain
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.

miércoles 7 de diciembre de 2011

Mi wishlist de Fnac




Fnac convoca el “Concurso de Lista de deseos Wishlist para Bloggers”
para todos aquellos bloggers que residan en España. Se trata de hacer una lista de cosas de su catálogo que nos gustaría desempaquetar bajo el árbol estas Navidades. El ganador recibirá un cheque de 2012 euros para gastar en Fnac si los Reyes Magos no han hecho caso de su wishlist xD. Aquí os explican cómo participar: http://www2.fnac.es/Magazine/Microsites/xmas/xmas.asp

Mi lista es la siguiente:


Canon EOS 1100D +18-55 MM Kit Cámara Réflex Digital 436,17 euros

Figura El Cuervo 19,99 euros

Alice Madness Returns 64,95 euros

Pack-True-Blood-Edicion-especial-DVD-extra-Temporadas-1-a-3 56,99 €

Apple iPod Classic 160 GB Black Reproductor de MP3 229 euros

Yamaha MCR 750 Microcadena Plata - Negra BluRay 499 euros

Samsung Galaxy S II 499 euros

LOVE METAL 6,99 EUROS

Deep Shadows And Brilliant Highlights 9,99 euros

Greatest love songs 666 9,99 euros

Rochester: Guitarra Acústica CFG 3 BLS 175, 95 euros



TOTAL: 2 008,02 €


Añadiría un home cinema, una veintena de libros, y cambiaría la guitarra por esta preciosidad: http://www.fnac.es/a648842/Greg-Bennet-Guitarra-acustica-SMJ-17CE-BK-sin-especificar?PID=11320 , pero me pasaría del presupuesto, por eso es mejor dejarlo así :D


¡Suerte!












lunes 28 de noviembre de 2011

miércoles 26 de octubre de 2011

Londres



¿Qué puede ofrecerte una ciudad para que en 7 días logre robarte la razón? Hablando de London, la respuesta es: TODO.

La capital británica tiene la capacidad de usar un abrelatas para dejar al descubierto tu más genuino yo, conservado en su jugo tras la lata del subconsciente, de las rutinas y los días, para destaparlo, exprimirlo, airearlo y darle la vuelta una y mil veces. Reencontrarse con los adentros de uno mismo es fácil, porque hagas lo que hagas, lleves puesto lo que lleves puesto, escuches lo que escuches y comas lo que comas, a nadie le importa, puedes ser quien quieras ser, ser más tú mismo que nunca. Y más allá, señores, porque ver la vida a través del prisma londinense le abre a uno la mente, el espíritu, el corazón, y el apetito. La oferta gastronómica va desde la típica cocina inglesa, pasando por Chinatown y la India, hasta la comida mejicana, italiana, tailandesa, griega, árabe, taiwanesa... sus calles huelen a curry, a fish and chips, a periódico, tierra mojada, cerveza y té. La mezcla de culturas es constante y armónica, y resulta exótica y bella. Anonadado, te adaptas como una gacela a la jungla y saboreas el rico pasto cosmopolita con ojos y oídos nuevos; siempre sin parar, porque Londres nunca se detiene. La gente come de pie en la calle, caminando de un lado a otro, y haciendo vida al aire libre aunque haga frío. Pero si necesitas un respiro, solo tienes que acercarte a uno de sus numerosos y enormes parques, seguir al Conejo Blanco y perderte en otro mundo, donde no se ven los edificios y las ardillas comen de tu mano. Con suerte encontrarás el brebaje mágico que te indica "Drink me" (seguramente Earl grey de la mejor calidad) y te harás pequeñito entre las tartas multicolor del mercado de Borough, donde un pedazo de excelente brownie te hará crecer hasta medir 5 metros y poder ver al deshollinador amigo de Mary Poppins bailando sobre los tejados. Desde esa altura te resultará fácil llegar al Leadenhall market de una zancada para buscar la tienda de varitas de Olivander entre las numerosas tiendas que inspiraron el Callejón Diagón, y de ahí a las antigüedades de Portobello en Nothing Hill, a los cantantes de ópera y las tiendas de Pipas y dulces de Covent Garden, y a Candem market y su oferta goth, punk y alternativa en general solo hay un saltito. Si no te has reconciliado con tu yo infantil todavía solo tienes que visitar la tienda de M&M´s de cuatro plantas de Leicister Square, o pasar un rato divertido en Hamley´s, la tienda de juguetes más antigua del mundo donde todos los dependientes y visitantes  juegan y corretean por sus siete plantas. Pero si quieres el más antiguo y genuino Londres, el del s. XIX, entonces tal vez deberías volver a tu tamaño original y no dejar de ver el barrio de Whitechapel, donde aun acecha la sombra de Jack el Destripador; o pasarte por Fleet Street y rastrear  la barbería de Sweeney Todd. Y por supuesto, no puedes perderte la casa-museo de Sherlock Holmes ni la de Charles Dickens, aunque peor sería perderse el Shakespeare Globe, réplica del teatro incendiado del gran William en el s. XVI. Y si aun te queda sitio para la magia, tras estirar las piernas por Hyde Park y hacerle una reverencia a la estatua de Peter Pan, dirígete al Kensington Palace, convertido en palacio encantado, y trata de encontrar a las siete princesas cuyos espíritus se esconden en las habitaciones del palacio, entre frascos de lágrimas y fantasmagóricos vestidos flotantes. Y no dejes que la adrenalina baje, súbete al London Eye y contempla la ciudad extendida ante tus pies desde 30 metros de altura. Mi recomendación es que luego te tomes un perrito caliente a orillas del Támesis para recuperar fuerzas, y que  contemples el atardecer sobre las agujas del Big Ben, tal y como Peter y Wendy hicieran. Eso sí, si te has quedado con ganas de saludar a unos cuantos amigos, entonces solo tienes que entrar en la abadía  de Westminster  y dirigirte a la Poet´s corner para ver a algunos de los grandes con la pluma, asistir uno de los mil musicales que se ofrecen en el West End, o ir al Madame Tussaud y estrechar las manos de cera de varias celebridades. O por qué no, acercarte al British Museum y saludar a las momias egipcias más alucinantes. La cena: en el Soho. El culmen: una pinta de cerveza inglesa. El veredicto: absolutamente increible.

Londres... desde luego, volveré.

 


sábado 10 de septiembre de 2011

Continúa tú el relato:

El cuento que iba a contarle era sencillo: fingiría conocer a una de sus antiguas y pechugonas secretarias, la cual me habría dado excelentes referencias sobre su persona, por lo que yo estaría deseosa de prestarle mis servicios. Luego me llevaría a algún lugar íntimo para charlar, y yo tendría que sacarle sutilmente la información que necesitaba: ¿Por qué desapareció justo el día en que la urdimbre ultra secreta de la unidad de la policía judicial iba por fin a desenamascararlo como proxeneta? ¿Quién le había dado el chivatazo?
El plan salió a pedir de boca. Me llevó a un hotel, y yo le llené la copa de barbitúricos. Cuando se desplomó sobre la cama registré sus llamadas. No pude creer lo que veían mis ojos en la pantallita del móvil: Su última llamada del 9 de enero era de un número que me resultaba muy familiar... Llamé deseando haberme equivocado. Pero no. La voz de mi hermano resonó al otro lado de la línea.

miércoles 3 de agosto de 2011

martes 24 de mayo de 2011

Proyecto de Adictos a la escritura mayo 2011: microrrelato

Era una noche virgen, como nieve sin pisar. Todo estaba quieto y mudo. No obstante, tanta quietud la colmaba de desasosiego - la falda de gasa pegada a los muslos, el aire inmóvil cargado de electricidad, el cuerpo torpe y soñoliento por el ron-. Era como si una grieta en el tiempo se hubiera abierto para detenerlo, como si por ella pudiera observarse a sí misma, dentro de una campana insonorizada. Había algo extraño en el ambiente, como un miedo. Un presentimiento herrumbroso como la sangre pesando allá arriba en lo negro. Solo cuando elevó la mirada lo comprendió. Aquella noche virgen, como nieve sin pisar, iba a morir. El silencio  se lo anunciaba desde hacía rato.  Un silencio que emitía el sonido de la vida que se escapa, que se derrama… sobre la carretera.



domingo 1 de mayo de 2011

[...] Dice el feng shui que los trastos que se acumulan impiden la libre circulación de la energía, y me parece muy razonable, tanto en lo físico como en lo moral, en lo social, en lo ideológico y en lo electrónico e informático en general.


Nadar desnudo en una playa desierta, sin más recuerdos que aquellos que la mente ha decidido conservar, sin otras fotos que las imágenes que se repiten una y otra vez cuando cerramos los ojos y sentimos, como si fuera ayer, la fuerza de los sentimientos compartidos. Eso debe de ser el colmo del feng shui, el colmo de la sensatez, el colmo de la felicidad tranquila [...].





Nada como un cúter, por Maruja Torres (Perdonen que no me levante. El País Semanal)

lunes 14 de febrero de 2011

Un cuentecito por San Valentín, ¡feliz día, enamorados!

Aquella tarde de lluvia, llamaron al timbre y bajé a abrir. No esperaba a nadie, claro, pero no era extraño que alguien viniera a casa; lo que sí era extraño era que fueras tú. Tú. Raído en la zona de sombra que dibujaba la puerta abierta, apenas me diste tiempo a formular una pregunta -sobra decir que en tales circuntancias mi interrogante era un debate de importancia entre qué haces aquí y cómo has sabido dónde vivo-, porque con agilidad felina me echaste encima la red de tus labios, empujándome adentro sin ningún impedimento por mi parte, no sé si por gusto o por estupefacción. Fueron varios los minutos que me llevó darme cuenta de lo que estaba pasando, mientras te afanabas en mi quinto botón: Estabas haciendo lo que hacías tantas otras veces en mi cabeza, a pesar de que la sacudiera para apartarte. Esta vez era -terriblemente- real, dulce y real como el pecado. Tus labios eran carnosos, como me había imaginado, más el inferior que el superior -apenas una línea sinuosa-, y adiviné que el último cigarrillo había sido en la escalera, antes de llamar. Desde luego, aquel arranque de decisión que habías tenido se nos llevaba por delante, mientras caían prendas desordenadas, como pájaros, y la piel iba quedando a la luz. Nos dejamos atropellar sin miramientos, sin reproches, hasta chocar contra la cama y quedar tendidos, desnudos, los dos. Ahí estabas, sobre mí, acariciándome como si fuera la última vez -y probablemente así sería- que pudieras tocarme, y cuando entraste en MI, sobrevinieron acordes de acompañamiento por mi parte, mis piernas rodeando tu cintura mínima, tus manos virtuosas en mis caderas. Era real -y dulce- aquella consumación de deseo mutuo acallado tanto tiempo. Fue real -y prohibido- que nos estuviéramos amando físicamente, habíamos sabido desde siempre que todo quedaba limitado a la admiración en la distancia, a un anhelo que había que reprimir.


El cigarrillo de después nos supo amargo. Yo no iba a dormir sola, y tú no ibas a dormir. Lo comprendimos al quinto botón. Te acompañé a la puerta, sin un "quédate" que poder ofrecerte, y estoy segura de que esa noche, mojando los labios en un whisky asequible, agazapado en una barra el corazón, me escribiste un verso que hoy habrás enterrado en silencio, pero que yo, a pesar del tiempo, he leído en tus ojos color de estación.





Noelia Alfonso Sáez
Amar a la bestia (fragmento)

martes 1 de febrero de 2011

Don´t bother



Don't Bother

I won't die of deception

I promise you won't ever see me cry

Don't feel sorry



jueves 23 de diciembre de 2010

- Mear en la nieve es alucinante. Es una de esas experiencias que todo el mundo debería tener, como saltar al mar desde un acantilado, hacer pompas de jabón rellenas de humo de tabaco, o apagar una cerilla dentro de un vaso de agua. Yo lo he hecho, alguna vez, y de la forma complicada, que es como hacemos pis las mujeres (y la mayoría de cosas). Lo he recordado al ver cómo lo hacía mi perro, y he pensado: "Wow, con qué gesto tan cotidiano se hace arte...". Arte en movimiento, que le llaman, o arte fungible. Lo simple puede ser a veces maravilloso, nunca dejaré de defenderlo, aun con el peligro de caer en nomenclaturas como "sosa", "loca", "rara", etecé, etecé.

- Tú es que ves arte en todas partes, maja.

- Maja, me llama. En este caso vestida, que con el rasca que hace como para ir exhibiéndose en cueros por ahí... ¿Te lo imaginas? Entre la nieve. Sería una foto preciosa.

- Eres un caso.

jueves 25 de noviembre de 2010

Cuánta decepción...

Si de algo no me cabe duda es de que lo intenté. Si he perdido la batalla, será sin remordimientos, porque hice todo lo que pude, siendo quien soy, sin traicionarme. Eso seguro. Porque no he cambiado ni una sola cosa de lugar. Ni siquiera el desorden de mi cuarto, en el que me siento refugiada. Ni por supuesto mi despiste crónico, ni los cócteles de palabras que mi cerebro prepara sin querer. Sigo teniendo una mota de chocolate junto al labio en forma de lunar que todo el mundo me quiere limpiar en vano. Como si fuera uno de esos antojos que las madres dejan en los cuerpecitos de sus hijos al nacer. Los que han saboreado esa mota aseguran que tiene gusto a chocolate amargo. ¿Ocurrirá lo mismo con los cientos de lunares que se reparten por el resto de mi cuerpo, como constelaciones sobre un cielo blanco?
Continúo sin poder aguantar las ganas de empezar un libro cada vez que uno nuevo cae en mis manos, aunque eso suponga estar leyendo 8 a la vez, o trasnochar. Mantengo la costumbre de ver Amelié cuando me siento triste, o de torturarme con canciones que me gritan lo que yo quisiera gritar a otros. Sigo usando la guitarra como analgésico para el dolor, y detestando los domingos y las rutinas. Continúo estremeciéndome con un buen verso, con las palabras precisas, con susurros acertados. Sigo enamorándome de las mentes, sigo mordiéndome las uñas cuando estoy nerviosa, disfrutando del frío como un regalo, y pidiendo al cielo que me crezcan alas para salir volando.
Continúo sin poder detener la inspiración allá donde surja, ya signifique escribir algo al dorso de un examen, en un billete de autobús, o en la servilleta de un bar. Sigo poniéndome de un humor de perros por las mañanas, e imaginando que al plasta de turno le cae un yunque en la cabeza. Y no me canso de pegar postales en las paredes de mi habitación, ni de ir a conciertos, ni de coleccionar frases. Sigo siendo tan jodídamente despegada de la gente que a veces me acorrala la soledad con una pistola. Y por supuesto, cada vez que te pienso sigue supurándome la herida.

Pero yo lo intenté, bien lo sabe Dios, con las armas de que disponía, con lo que soy, que no ha cambiado. Qué lástima que todos los intentos me importen ahora menos que nada.

domingo 31 de octubre de 2010

Y 100 AÑOS después, me sigue resultando precioso...

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

                                                    



Elegía a Ramón Sijé, 
Miguel Hernández
 de El rayo que no cesa.

miércoles 11 de agosto de 2010

Por la boca muere el pez

Sacó la pistola del liguero, con la misma delicadeza con que sacaba del frasco el pincelito del pintauñas. Matar era como hacerse la manicura, tenía que llevarse a cabo de forma meticulosa y eficaz. Así que lo encañonó a quemarropa, y con el silenciador apenas se escuchó una pequeña detonación. La camisa blanca se tiñó de rojo. Entre toda aquella clase de la suite, parecía que nuestro amigo se había derramado el vino encima, simplemente. Estaba delicioso, por cierto. El vino. Un Château Petrus, nada más y nada menos, 15.000 euros la botella. Esto es un Grand Vin, muñeca, reserva del 61, había dicho cuando "logró" llevársela al hotel. Creía que con eso iba a impresionarla, que serviría para bajarle las bragas. Siempre era así de simple, y siempre terminaba con una bala. Pum. No más palabrería barata.
Tanta clase acababa por escamarla, porque por la boca solía morir el pez. Dinero, casas, alta costura, vino... y solo soltaban estupideces. En cambio su último trabajo... era otra cosa. Escritor consagrado de la escena norteamericana, atractivo... inteligente, sensible... Está claro que el punto G de la mujer se encuentra en el oído, si no, ¿cómo demonios la había dejado tan ansiosa? Apenas un par de encuentros, nada de sexo, solo charlar. Le gustaba, maldita sea. Le gustaba, y tenía que matarlo.

Pasó por encima del cadáver para llegar al cuarto de baño, y dejó que la seda del vestido negro resbalara hasta los tobillos. Lo cierto era que se desenvolvía bien en las altas esferas, nadie sospecharía que la gatita era una asesina a sueldo, ni que lo que de verdad la excitaba no eran los yates, los Koenigsegg, o los Swarovski; sino la labia, el camelo ingenioso, el piropo preciso, el halago perfecto. Y aquel hombre dominaba sin duda todos aquellos aspectos. El vino era secundario, lo que podía emborracharla eran sus palabras... Hasta límites insospechados.
Limpió la escena del crimen con pulcritud de profesional, se deshizo luego del cadáver, y regresó a la suite para recibir a su escritor, de nuevo enfundada en seda, burdeos esta vez. Debía cumplir con el contrato antes de 48 horas. Y el tiempo empezó a desmigarse en cuanto llamaron a la puerta. Era él, cómo no, elegante y desenfadado al mismo tiempo, con una rosa negra en la mano. Cenaron en la terraza, descorcharon el champagne francés, y acabaron el uno sobre el otro en las sábanas de Cashemir. Mientras la desnudaba, le susurraba al oído palabras almibaradas, obscenas, la hacía temblar de deseo... Y supo que no podía matar a aquel hombre.

- ¿Qué ocurre?- preguntó él.
- Tengo que confesarte algo... Hay alguien que quiere verte muerto.
- Mucha gente me odia, lo sé.
- Esta vez demasiado- explicó-. Me contrataron para matarte, pero...te juro que no lo haré, no puedo hacerlo.
- ¡Lo sabía!- exclamó el escritor- Y no imaginas cómo me alegra saber de tu incapacidad- añadió-. Vamos a dejarles claro a esos para los que trabajas que no vas a matarme.

La gatita comprendió demasiado tarde, en mitad de una sonrisa, que lo frío en el pecho era el cañón de una pistola, y no las caricias del maestro de las palabras. No iba a matarle, no, pero porque las sábanas blancas se tiñeron de rojo y ella boqueaba sobre la cama, entre toda aquella clase de la suite, como si el vino se hubiera derramado. Todo lo que no había empezado, terminaba con una bala. Pum. Seguro que era un buen final para alguna de las novelas que vendrían.

jueves 8 de julio de 2010

Vamos, ven a mi árbol en flor, esta noche apagaremos la luz [...]. Con la punta de tus ramas rayarás la bóveda celeste y sacudirás el tronco invisible que sostiene la luna. De nuevo caerán los sueños como nieve tibia a nuestros pies. Tus raíces en forma de tacón de aguja las plantarás en la tierra, firmemente ancladas. Deja que me suba a tu corazón de bambú, quiero dormir a tu lado [...].

Dejo mi llave en su mano derecha. Estoy nervioso, y eso produce un ruido estridente en mi corazón.

-¿Por qué tienes dos agujeros?
- El de la derecha es para abrir, el de la izquierda para dar cuerda.
- ¿Puedo abrirlo?
- Está bien.

Hunde con delicadeza la llave en mi cerradura derecha. Cierro los ojos, luego los abro, como cuando nos besamos largo rato.
Sus párpados están cerrados, tan magníficamente cerrados. Es un momento de una serenidad apabullante. Toma un engranaje entre sus dedos índice y pulgar, suavemente, sin ralentizar su funcionamiento [...]. ¿Me estará haciendo cosquillas en el corazón? [...] Cuando me aprieta con los labios hasta los dientes me produce un efecto a lo Hada Azul de Pinocho, pero más verdadero. Salvo que no es mi nariz lo que se alarga. Ella lo siente, acelera sus movimientos, aumentando progresivamente la presión sobre mis engranajes. Ciertos sonidos se escapan de mi boca sin que pueda detenerlos. Estoy sorprendido, molesto, pero sobre todo excitado [...]. Y hacemos el amor despacio; somos los amantes más lentos del mundo, apenas nos rozamos con nuestras lenguas.





La mecánica del corazón, Mathias Malzieu

domingo 4 de julio de 2010

Diario luso II

Por las noches, Lisboa se cubre los hombros con un manto de lentejuelas, pinta sus labios de neon, calza botas de metal, y se perfuma con salitre. Pero no se olvida nunca de quién es, por más que se empolve el rostro de influencias latinas y humedezca la garganta con cachaza, azúcar y lima. Porque Lisboa también es Brasil, aunque sin dejar nunca de tararear sus fados por lo bajo, a la manera en que se lleva la música en el alma, como el recuerdo de la nana de una madre. Y te saca a pasear por las "docas" del puerto, y de su brazo vas llenándote los ojos de colores.

jueves 1 de julio de 2010

Diario luso I

Lisboa en verano es amarilla, como flor de jacaranda. Soy una abeja que tiene la suerte de empaparse en sus aromas, de esparcirse en sus jugos, juguetear en sus estambres y recorrer sus pliegues, como una amante complaciente. En la amplitud de su cáliz hay colores y placeres que me hacen sentir renovada, tierna e inocente, reconciliada con mi capacidad infantil para sorprenderme.

Love´s the funeral of hearts...

Bubbles