Ich
- Herzeleid
- Halloween Town, Spain
- No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
lunes, 19 de abril de 2010
Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible...
... se dijo Alicia cuando el Sombrerero le propuso -entre líneas- que se quedara con él en el País de las Maravillas. A pesar de su interés patológico por las personas difíciles e inusuales, desestimó la propuesta con la promesa de no olvidarlo jamás. Esta vez, ya tenía planes en el Mundo de Arriba.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 16 de marzo de 2010
Impresiones sin tinta, vol. I
Me vine a Portugal con una libreta preciosa del gato de Chesire que Tita me trajo de Inglaterra para anotar la crónica del viaje, como hago siempre que me muevo, porque, como una vez dijo -prosaicamente- mi profesor de Literatura Universal en el instituto, "la memoria es como el pelo, hay que echarle fijador, si no, vuela". No sé si tiene que ver con haber nacido el mismo día que Lewis Carroll, pero realmente me he encontrado con el País de las Maravillas.
Cómo no iba a ser esto un cuento, si además del cambio progresivo de estación que el termómetro, el color de la hierba y las flores nos iban indicando kilómetro tras kilómetro, nos desviamos a Óbidos antes de entrar en Lisboa para encontrarnos con la Feria Internacional del Chocolate. El pueblecito empedrado con sus casas encaladas construidas en cuestas, me recordaba a la Cazorla de mi ensueño, mientras los olores, sabores y piruletas a modo de árboles, me hacían creerme Willie Wonka.
Por si esto fuera poco, el segundo día me interné en un paraje de novela del XIX: el Castillo da Pena en el hermosísimo pueblo de Sintra, centro de peregrinaje de los escritores del Romanticismo, situado en un risco desde el que se puede ver toda Lisboa. Y tras su majestuoso emplazamiento se encontraba la Quinta Regaleira y sus jardines en forma de laberinto interminable ocultando enclaves templarios.
La Lisboa más íntima y recóndita, donde mejor se paladea su esencia de callejuelas empedradas y cuestas imposibles, me sorprendía con sus fados, sus gatos negros y sus tranvías diminutos. Y por supuesto, con el mar, que sospecho que es responsable directo de esa luz que arranca los mejores colores a sus jardines y esmerados azulejos. Intenté hacerle cosquillas en su parte más sensible, el horizonte, aprovechando que el Cabo da Roca es el punto más occidental de la Península, pero los dedos empezaban a quedárseme fríos, y eso me hizo despertar del sueño: volvía a León por la Ruta de la Plata, y atrás quedaba la suave melodía del portugués: Não te preocupes, voltarás.
Y como mis impresiones oníricas se quedaban pequeñas ante tanta grandeza, aun tengo la libreta nueva, sin estrenar. He guardado la tinta para la próxima.
Por si esto fuera poco, el segundo día me interné en un paraje de novela del XIX: el Castillo da Pena en el hermosísimo pueblo de Sintra, centro de peregrinaje de los escritores del Romanticismo, situado en un risco desde el que se puede ver toda Lisboa. Y tras su majestuoso emplazamiento se encontraba la Quinta Regaleira y sus jardines en forma de laberinto interminable ocultando enclaves templarios.
La Lisboa más íntima y recóndita, donde mejor se paladea su esencia de callejuelas empedradas y cuestas imposibles, me sorprendía con sus fados, sus gatos negros y sus tranvías diminutos. Y por supuesto, con el mar, que sospecho que es responsable directo de esa luz que arranca los mejores colores a sus jardines y esmerados azulejos. Intenté hacerle cosquillas en su parte más sensible, el horizonte, aprovechando que el Cabo da Roca es el punto más occidental de la Península, pero los dedos empezaban a quedárseme fríos, y eso me hizo despertar del sueño: volvía a León por la Ruta de la Plata, y atrás quedaba la suave melodía del portugués: Não te preocupes, voltarás.
Y como mis impresiones oníricas se quedaban pequeñas ante tanta grandeza, aun tengo la libreta nueva, sin estrenar. He guardado la tinta para la próxima.
Foto: Quinta Regaleira
a través de los árboles,
por mí.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
sábado, 13 de marzo de 2010
Fado (del latín "fatum", destino)
"Amor, celos,
ceniza y fuego,
dolor y pecado.
Todo esto existe;
todo esto es triste;
todo esto es fado".
Amália Rodrígues (1920-1999)
Aun me quedan dos días en la maravillosa ciudad de Lisboa, abierta siempre en abanicos de posibilidades para un espíritu bohemio como el mío... Anoche, sin ir más lejos, estuve en un caserón antiguo en el que cada habitación era una sala de conciertos para grupos que empiezan, una sala de exposición para el pitor pricipiante, un recital de poesía para quien quisiera pasarse por allí, o un bar donde tomarse una sangría de vino blanco con el acompañamiento del piano en dircto.
Sencillamente alucinante.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 16 de febrero de 2010
Princesa
La princesa de tul y cuero
ya no escapa en su carroza.
De su boca peligrosa
ya no salen más "te quieros".
La princesa, caprichosa,
solo quiere tu mechero
y mirar cómo destrozan
sus volutas de humo el cielo.
Los zapatitos se mojan,
las plataformas de acero
se desploman como losas
-cual lobos sobre corderos-
en las almas bondadosas
y corazones sinceros.
¡Qué adictiva que es su boca!
¡Qué magnífico trasero!
¡Pobres víctimas que ahoga
en sus encajes de cuero!
Es súcubo que provoca
el más cruel de los deseos,
toda precaución es poca
si te acarician sus dedos.
Si te espinas con la rosa
sácate pronto el veneno,
pues la muñequita rota
sabe jugar a los celos.
Parece gata mimosa
con esos pinchos al cuello,
pero esas uñas que posa,
inocente, por tu cuerpo
dejan cuchilladas rojas
por afuera y por adentro.
La princesa vanidosa
se viste siempre de negro,
como bruja, como diosa,
como reina del misterio.
Ya no escapa en su carroza,
princesa de tul y cuero,
pero sí es más poderosa
que las de los viejos cuentos.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
viernes, 12 de febrero de 2010
Wicked game
No quiero ser una maldita esclava de lo que siento... Odio no saber de qué lado está el cañón de la pistola... Es como jugar a la ruleta rusa entre dos. Y sonríes, y me olvido de que estoy arriesgando la vida contigo, y de que no sé armar puzzles de despojos.A veces, me asomo un poco al precipicio, por el morbo de ver cómo sería la caída. Y siento ese vértigo antiguo amarrado a las entrañas, como cuando paladeo aquella hiel a la vuelta de una página -sin querer acostumbrarme a los estigmas aun candentes- y me sorprendo de que todavía duela como una astilla incrustada. Y sonríes, y me olvido de que lo peor no es caer, sino volverse a levantar. Hoy por suerte me levanto contigo.
No quiero tener en cuenta que existe esa posibilidad...
Y sonríes.
Y me olvido.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 26 de enero de 2010
Del cambio de convocatoria y otro males universitarios

Queridos lectores:
A unas 6 horas de alcanzar los 24 años, he llegado a la sabiduría máxima gracias a la aprehensión de dos verdades universales:
1- Jack Black es la hostia.
2- La vida a veces es una MIERDA.
Cuántas veces me habrán oído decir los que me quieren y me tratan a diario eso de "Este despiste mío un día me va a dar un disgusto gordo"... Ya lo decían los griegos: "gnosi seauton", conócete a ti mismo. Y la, hablando en plata, putada es que después de conocerme como me conozco todavía me sorprendo de cosas como que a mitad del examen de Semántica la profesora me diga que no estoy en las listas. ¡¡Tachaaaaaaán!! ¿Por qué? Sencillo: en tercera matrícula hay que solicitar el cambio de convocatoria para Febrero. Y hablando en términos semánticos, "tercera matrícula" connota que siendo perro viejo, tendría que haberme acordado, leñe (¿o era presupone? ¿O sobreentiende?). ¿Pero qué emoción tendría matarse a estudiar hasta que me sangren los codos si al final pudiera presentarme tranquilamente al examen y optar a aprobar? Está claro que no hay que tomarse las cosas tan en serio... Ponerse tan nervioso por una puñetera prueba escrita como para olvidarse de cambiar la maldita convocatoria no es sano. Pensándolo bien, debería relajarme un poco más en esto de convertirme en docente. Cuando salí del examen, conduciendo sin saber adónde, me perdí en el "maravilloso" y "apacible" barrio de Corea con la Rabia como copiloto. Todo el mundo sabe que las mujeres no entienden los mapas, así que ni ella ni yo nos poníamos de acuerdo para salir de tan endiablado lugar. Al final aparqué junto a un prado cuajado de bragas al sol, y puse el primer disco de Tenacious D para intentar relajarme. Me dije: Mira a Jack Black en "School of Rock"... ¿Era o no era un profe cojonudo? El tío rebosa tanta confianza y tranquilidad que, una vez lo examinó de música el mismísimo Diablo, y fue capaz no solo de tocar la mejor canción del mundo, como éste le había pedido, sino incluso de hacerle un tributo a aquella canción y evitar que su hermano se convirtiera en la putita de Satán:
A unas 6 horas de alcanzar los 24 años, he llegado a la sabiduría máxima gracias a la aprehensión de dos verdades universales:
1- Jack Black es la hostia.
2- La vida a veces es una MIERDA.
Cuántas veces me habrán oído decir los que me quieren y me tratan a diario eso de "Este despiste mío un día me va a dar un disgusto gordo"... Ya lo decían los griegos: "gnosi seauton", conócete a ti mismo. Y la, hablando en plata, putada es que después de conocerme como me conozco todavía me sorprendo de cosas como que a mitad del examen de Semántica la profesora me diga que no estoy en las listas. ¡¡Tachaaaaaaán!! ¿Por qué? Sencillo: en tercera matrícula hay que solicitar el cambio de convocatoria para Febrero. Y hablando en términos semánticos, "tercera matrícula" connota que siendo perro viejo, tendría que haberme acordado, leñe (¿o era presupone? ¿O sobreentiende?). ¿Pero qué emoción tendría matarse a estudiar hasta que me sangren los codos si al final pudiera presentarme tranquilamente al examen y optar a aprobar? Está claro que no hay que tomarse las cosas tan en serio... Ponerse tan nervioso por una puñetera prueba escrita como para olvidarse de cambiar la maldita convocatoria no es sano. Pensándolo bien, debería relajarme un poco más en esto de convertirme en docente. Cuando salí del examen, conduciendo sin saber adónde, me perdí en el "maravilloso" y "apacible" barrio de Corea con la Rabia como copiloto. Todo el mundo sabe que las mujeres no entienden los mapas, así que ni ella ni yo nos poníamos de acuerdo para salir de tan endiablado lugar. Al final aparqué junto a un prado cuajado de bragas al sol, y puse el primer disco de Tenacious D para intentar relajarme. Me dije: Mira a Jack Black en "School of Rock"... ¿Era o no era un profe cojonudo? El tío rebosa tanta confianza y tranquilidad que, una vez lo examinó de música el mismísimo Diablo, y fue capaz no solo de tocar la mejor canción del mundo, como éste le había pedido, sino incluso de hacerle un tributo a aquella canción y evitar que su hermano se convirtiera en la putita de Satán:
Esto me hizo tomarme las cosas de otra manera, y recordé que este domingo, lejos de ser un día cóncavo, va a ser día de grabación de los coros para el disco de Inexistentes, en los que estoy colaborando. Así que, haciendo caso a Fito, "mientras me aguanten los huesos, yo quiero seguir cantando". Veremos si voy directa a Junio con Semántica, o si hay suerte y el Rector me permite, excepcionalmente, presentarme con los de Lingüística el día 11. Todo es posible. Mientras tanto, LET´S ROCK!!!
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
viernes, 22 de enero de 2010
Los colores de una sombra
Hay veces que el subconsciente arrastra la letra perfecta hasta tus labios, la letra de una canción que puede hacer años que no escuchas, y que expresa a la perfección lo que llevas dentro. Siempre me ha parecido curioso ese mecanismo de la mente. Las palabras exactas en el momento preciso. Le dan ganas a uno de, llegado el momento, ponerse a cantar.
http://www.youtube.com/watch?v=jqJKTflmmjo
No sales nunca en las conversaciones,
entre nosotros nadie habla de ti,
es la verdad.
No digo esto para impresionarte,
veo aquellas horas descendiendo,
cada día un piso más.
Te he dedicado líneas sin sentido,
líneas que sin puntos son abismos,
te podrías asomar.
Sin dudar yo lo haría de ti.
¿Comprenderás si te hablo así?
¿Te ofenderás? Lo conseguí:
Ya no eres más que sombras.
Quizás te estoy mintiendo,
resulta que no puedo aceptar
que aún te eche de menos
y que este menos vaya aún a más.
Y ahora miento casi siempre,
todo el mundo lo hace,
engaño a otros y me engaño a mí.
¿Para qué diablos sirve la verdad?
Y mis naves ya se hunden
sólo al mencionarte,
naves que se hunden,
os saluda digno y roto el capitán.
¿Comprenderás si te hablo así?
¿Te ofenderás? Lo conseguí:
Ya no eres más que sombras.
Estás hablando para nadie,
basta, ¡cállate!
Estás perdiendo el juicio,
ya no hay nadie aquí.
Pero si me has escuchado,
vamos, ¡largate!
O quédate, mi sombra.
¿Y si a cambio te lo digo una vez más?
Ya ves, te estoy mintiendo,
ya ves, no lo he podido aceptar,
que aún te eche de menos
y que este menos vaya aún a más.
Cada vez que te recuerdo viene a mí una imagen,
éramos tú y yo de safari en el parque.
http://www.youtube.com/watch?v=jqJKTflmmjo
No sales nunca en las conversaciones,
entre nosotros nadie habla de ti,
es la verdad.
No digo esto para impresionarte,
veo aquellas horas descendiendo,
cada día un piso más.
Te he dedicado líneas sin sentido,
líneas que sin puntos son abismos,
te podrías asomar.
Sin dudar yo lo haría de ti.
¿Comprenderás si te hablo así?
¿Te ofenderás? Lo conseguí:
Ya no eres más que sombras.
Quizás te estoy mintiendo,
resulta que no puedo aceptar
que aún te eche de menos
y que este menos vaya aún a más.
Y ahora miento casi siempre,
todo el mundo lo hace,
engaño a otros y me engaño a mí.
¿Para qué diablos sirve la verdad?
Y mis naves ya se hunden
sólo al mencionarte,
naves que se hunden,
os saluda digno y roto el capitán.
¿Comprenderás si te hablo así?
¿Te ofenderás? Lo conseguí:
Ya no eres más que sombras.
Estás hablando para nadie,
basta, ¡cállate!
Estás perdiendo el juicio,
ya no hay nadie aquí.
Pero si me has escuchado,
vamos, ¡largate!
O quédate, mi sombra.
¿Y si a cambio te lo digo una vez más?
Ya ves, te estoy mintiendo,
ya ves, no lo he podido aceptar,
que aún te eche de menos
y que este menos vaya aún a más.
Cada vez que te recuerdo viene a mí una imagen,
éramos tú y yo de safari en el parque.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
domingo, 6 de diciembre de 2009
Día cóncavo

Hacía bastantes domingos que no me (perdón por la palabra) cagaba en el domingo... ¡Maldito día siniestro! Yo que pensaba que me resultaba una lacha porque después venía el lunes... Qué equivocada estaba. Lo que pasa es que el domingo es un día cóncavo. Domingo, y no lunes, como decía mi profesor de métrica y retórica. Yo no sabía qué puñetas quería decir con eso hasta que un colega me dio su particular visión de la historia: un día cóncavo es un día engurruñado hacia adentro, como un chepudo. Ahora que lo pienso, conozco a un paisanete llamado Domingo que está el hombre completamente encorvado. Parece como si la tierra lo llamara, como dice Fito. ¿Será a consecuencia de lo que va implícito en el nombre?
No sé cómo, pero el domingo siempre acabo aquí sentada, con el asco revolviéndome las entrañas. Con maravillosas alternativas como pudrirme aquí mismo, o en el sofá, jalar las patatas con las manos, o directamente de la bolsa. Y luego están las mejores: estudiar, o tratar de hacer que mi cuarto parezca un lugar más habitable, de lo que se podría grabar un documental titulado "En lo profundo de la sabana". Así que directamente me pongo a bloggear, para contar la misma mierda de hace unos domingos y quejarme, que es mi pasatiempo favorito.
Dicen que el domingo es un día para pasarlo en familia o con tu pareja. Qué bien. Y con los jodidos angelitos tocando el arpa, ¿a que sí? El Día del Señor. Pues el señor ese debió de quedarse con to lo bueno. Fue el día que descansó, ¿no? Creo que se pasó el domingo jugando al rol con los Apóstoles, mientras la Vírgen María se moría de aburrimiento en el sofá del Portal de Belén. Ahí nacieron los villancicos. "Yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité": Está clarísimo.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Reina de Nada

Es grato toparse con cosas escritas hace tiempo, cosas de las que ya no te acuerdas, porque son como pequeños calambres al recuerdo. Hacía tiempo que no me pasaba, y es difícil, porque en el bazar de mi cuarto hay decenas de libretas, cuadernos, hojas y agendas sucias de mis pensamientos inacabados.
Esto es de un 10 de agosto, a las 00:49:
Sin ti...no hay nada. Lo supe pronto.
Cuando no estás, amanecer es rutina, bruma en la ventana,
anuncio de champú.
Cuando no estás, nada está en susitio,
vodka en la mañana, colillas en la cama,
esquimales sin iglú.
No huele a la menta de tus besos en la boca,
ya no es atractiva la imagen en pelotas
de los dos.
Retozando en aquella cama
de sábanas de fraela, regalo de mi abuela,
del piso de alquiler.
Cómo te extraño... ¡joder!
Y eso que no tengo
ni un solo recuerdo:
tiré desde el octavo la sortija y los CD´s.
Por el water se fueron las flores y los "te quieros",
y por el sumidero
los "mañana te llamo".
Me quedó el corazón
hecho cristal de Murano,
un vacío frío y extraño
y la conexión a Internet.
Pero sin ti... no hay nada.
Lo supe pronto.
Y me puse a andar y andar.
Descanso para echar a las palomas unas migas
y tumbarme un rato en mi cómodo cartón.
Cambié ropita de Zara
por harapos de mendiga,
y por cambiar, cambié de sitio el corazón.
A veces me da un euro una señora compasiva,
o un Ducados una diva
de algún grupo cutre de rock.
Y pensar que era reina cuando te tenía...
La Reina de Nada, es lo que soy.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 15 de septiembre de 2009
Sehnsucht

El domingo, tras el magistral concierto de Inexistentes en Benavides de Órbigo, nos quedamos en el local mientras recogían los instrumentos, y la camarera puso un disco de Rammstein. Du hast sonó primero con el grito largo y profundo generado con el teclado de Christian Lorenz. Wow. Hacía años que no escuchaba a los grandes del metal electrónico. Mi mente viajó hasta aquel invierno de 2001, en que un generoso casco de walk-man me dio a conocer a los alemanes en plena calle, con un frío de los que sacan las tiras. Eran los tiempos del descubrimiento, y recuerdo una tierna versión de mí misma con el pelo hasta la cintura y la inocencia por bandera. Entonces el mundo era suficiente.
Los temas se fueron sucediendo a la par que mis recuerdos. Se trataba del álbum Sehnsucht. Contundente, como todo lo alemán, sehnsucht significa nostalgia. Nostalgia de todo lo que cabe en una caja, del pasado y del presente que no es como iba a ser. De sentirse una diosa de la noche, de sus palabras, de aquellos días de instituto, de aquellas tardes de psicología barata y terapias improvisadas con bolsas de patatas fritas y nubes de vaho. Nostalgia de aquellos cuentos, de aquellos días que siempre recuerdo helados, de aquellos paseos hasta la esquina, de aquellos CD´s que grabé. Nostalgia, porque no pensé que hubiera pasado tanto tiempo, porque ya no tengo el pelo largo, porque el otro día desempolvé esa caja y allí estabas tú. Nostalgia de mi propia nostalgia, nostalgia hasta el tuétano, nostalgia a morir.
La noche acabó en ella misma. Apagué la luz y a dormir. Hace 8 años que firmo como "Herzeleid". Wow.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Qué asco...
Lo fácil que es que te revienten el día... ¡Dios nos libre de los funcionarios! ¡Hágase el milagro de la lluvia de barritas All Bram de Kellogs para todos ellos!
No me explico si el ser un borde y un desconsiderado viene de serie y te seleccionan por esas cualidades, o si uno se va volviendo estreñido una vez que opta al puesto... Me imagino al Sombrero Seleccionador de La Escuela de Magia Howarts, instalado en la cabeza de una novata esperando a ser elegida para una u otra de las casas de su escuela: "Esta pelirroja es el colmo de la mala educación...sí...sin duda debo colocarla en... ¡¡FUNCIONARIOS!!".
Yo comprendo que un trabajo tan estresante como revisar montañas de papeleo, tomar café, pasarle el papeleo a la becaria de turno, tomar café, contestar al teléfono con tres o cuatro borderías, tomar café, y atender a unas pobres personas que no se enteran de nada y hacen horas y horas de cola, puede agriarle a uno un poco el carácter. Pero coño, más se le agría al minero que pasa ocho horas bajo tierra como un topo, picando carbón como un esclavo, con frío y humedad en la ropa y los pulmones, y con el presentimiento de la muerte encima constantemente. Porque oigan, en la oficina, calentito y cobrando un sueldazo se está de un bien... Y que yo sepa, hacer correctamente un trabajo no se limita a cumplir con el horario (sin comentarios). De verdad que no entiendo cómo trabajando de cara al público te puedes permitir el lujo de ser tan asqueroso. Yo nunca vi a mi mejor amiga poner mala cara a nadie en todas las horas que estaba aguantando borrachos en un bar, ni yo misma la puse, aunque tuviera mal día, a ninguno de mis alumnos...
Ains, Harry Potter, qué divertido es todo en el Callejón Diagón, con esos pequeños y graciosos gnomos que te atienden en el Gringotts Bank...
En fin... Riámonos un poco, que es la única cura...
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 1 de septiembre de 2009
Niebla
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Iba a inventarme algo sobre el motivo de mi desaparicicón, como que haciendo pesca submarina, una ballena blanca me engulló, y que os escribo desde su estómago, donde tuve la suerte de encontrar un portátil que pillaba el wifi del tío del faro, pero luego he pensado: "¡Coño, si lo que he estado haciendo todo este tiempo es hasta interesante!", y me he dicho, seamos sinceros, que hoy en día esto es algo que no abunda, y menos vía Internet.
Desde el uno de julio, he estado entretenida en un asunto que absorvía todo mi tiempo (lo siento, queridos lectores, fue por una buena causa): He estado dando clases de castellano a inmigrantes, y entre vosotros y yo: me ha cambiado la vida. Sí, señores, ha sido una experiencia magnífica, como darle brillo a las paredes de mi persona, como reconciliarme con algo antiguo y oculto. Estoy realmente feliz.
He tenido la suerte de conocer de primera mano un mundo escondido, aunque a la vista de todos, un mundo de colores, y la gran satisfacción que da el poder aportar un granito de arena en su favor. No he podido tener mejor primera experiencia frente a una clase.
La labor del profesor de español no se limita únicamente a dar una serie de preceptos gramaticales y evaluar al alumnado. Es algo mucho más profundo, dado que nos enfrentamos a un aula muy heterogénea, tanto a nivel de nacionalidad, como a nivel del español de cada uno. Tengamos en cuenta que la dificultad de estos inmigrantes para adaptarse a su nuevo entorno no solo reside en la imposibilidad de hablar castellano, sino en muchos otros aspectos, como la diferencia abismal de culturas, el racismo, los documentos necesarios para trabajar, la falta de recursos... etc. El docente no es únicamente el que aporta la teoría, sino que también es el encargado de que sea aplicable a la vida. Preparamos a los alumnos para salir a la calle y hacerse un hueco en la sociedad española, no para un examen (aunque bien es cierto que no hay examen más duro que el de la propia vida). En esta labor tan difícil y tan bonita a la vez, no solo aprenden los alumnos: el profesor nunca deja de adquirir conocimientos, y no simplemente como docente, sino como persona. Tengo la certeza de que tras esta experiencia tan enriquecedora, cualquiera puede decir que le ha cambiado la vida, no solo yo. El futuro es la multiculturalidad, lo que exige muchas veces un esfuerzo de tolerancia que todos debemos hacer.
El inmigrante es un personaje que está ahí, que vemos en la calle, que en muchas ocasiones sufre un desprecio que no merece, y al que por lo general no nos acercamos, quizá por miedo, por incomprensión, y desgraciadamente, por racismo. Las clases de castellano son también un ejercicio de aceptación para todos, una apertura de mente, un viaje a otros mundos... pura mixtura, y eso para mí es belleza.
La base para que estas personas puedan establecerse en España sin problemas, es sin duda la lengua. Y que estos cursos que he impartido tengan carácter gratuito es algo realmente bueno para ellos, de hecho así lo han manifestado, dada la escasez de recursos de la que disponen. No olvidemos que el español ocupa cada día un papel más importante en el mundo, y que su enseñanza no solo limita el nivel de actuación a la Península Ibérica. Una segunda lengua como el castellano puede ser muy útil también para viajar por el mundo, ya que actualmente es el segundo idioma más hablado del globo.
El inmigrante es un personaje que está ahí, que vemos en la calle, que en muchas ocasiones sufre un desprecio que no merece, y al que por lo general no nos acercamos, quizá por miedo, por incomprensión, y desgraciadamente, por racismo. Las clases de castellano son también un ejercicio de aceptación para todos, una apertura de mente, un viaje a otros mundos... pura mixtura, y eso para mí es belleza.
La base para que estas personas puedan establecerse en España sin problemas, es sin duda la lengua. Y que estos cursos que he impartido tengan carácter gratuito es algo realmente bueno para ellos, de hecho así lo han manifestado, dada la escasez de recursos de la que disponen. No olvidemos que el español ocupa cada día un papel más importante en el mundo, y que su enseñanza no solo limita el nivel de actuación a la Península Ibérica. Una segunda lengua como el castellano puede ser muy útil también para viajar por el mundo, ya que actualmente es el segundo idioma más hablado del globo.
Estos meses, he conseguido despegarme de los ojos la niebla de la existencia, como el Augusto Pérez de Unamuno. Y ahora camino más firme, oteando el horizonte con la pluma en la mano, cargada de buenos momentos y sobre todo, de infinitas ganas. Septiembre se presenta escabroso, pero he regresado decidida a no abandonar por más tiempo este sitio, de manera que estaré aquí, para quien quiera leerme, desde la panza de una ballena, o desde el escritorio de mi cuarto.
Un saludo a todos.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
sábado, 13 de junio de 2009
Eterna Gota
Todos tenemos una forma de empezar
una misma manera de comenzar
esa formula que surge siempre primera
ese beso que divaga entre nuestros labios
saludando en el primer cielo
de la boca.
Nariz en mano huelo tus huesos
estrecho mi mano a tu vientre
y me dejo ser
(círculos
concéntricos
de hambre).
Somos hondas de carnaza aproximándose
manchas dibujando nubes allí arriba
inercia centrípeta hacia nuestro sexo.
Somos bajo el mar burbujas de sangre.
Desde las bodegas de tu angustia
surge caudalosa la condena
tambores simulando rabia.
Dientes de trapo y grito ahogado.
El calor apelmaza las cuerdas de la guitarra
aplaude secundario el sudor en mis axilas.
Y el ritmo de mis sentidos vuelca mi histeria en el vacío
de tus páginas de piel y carne.
Te escribo mientras llevo el cuchillo.
Eres
eterna en mi hierro
libre en el reflejo de la hoja
gota de vida mientras te apagas.
HÉCTOR ALONSO
una misma manera de comenzar
esa formula que surge siempre primera
ese beso que divaga entre nuestros labios
saludando en el primer cielo
de la boca.
Nariz en mano huelo tus huesos
estrecho mi mano a tu vientre
y me dejo ser
(círculos
concéntricos
de hambre).
Somos hondas de carnaza aproximándose
manchas dibujando nubes allí arriba
inercia centrípeta hacia nuestro sexo.
Somos bajo el mar burbujas de sangre.
Desde las bodegas de tu angustia
surge caudalosa la condena
tambores simulando rabia.
Dientes de trapo y grito ahogado.
El calor apelmaza las cuerdas de la guitarra
aplaude secundario el sudor en mis axilas.
Y el ritmo de mis sentidos vuelca mi histeria en el vacío
de tus páginas de piel y carne.
Te escribo mientras llevo el cuchillo.
Eres
eterna en mi hierro
libre en el reflejo de la hoja
gota de vida mientras te apagas.
HÉCTOR ALONSO
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Hasta siempre, amigo Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
"El otro yo"
MARIO BENEDETTI (1920-2009)
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
martes, 5 de mayo de 2009
La torre de marfil

A veces, un amigo, a las 2 de la mañana, sacude los cimientos de tu torre de marfil...
MANIFIESTO POPULISTA
Poetas, abandonad vuestros armarios,
abrid vuestras ventanas, abrid vuestras puertas,
habéis estado demasiado tiempo enterrados
en vuestros mundos de clausura. .
Bajad, bajad,
de vuestras Colinas Rusas y vuestras Colinas Telégrafos,
vuestras Colina Faro, y vuestras Colinas Capilla,
vuestros Montes Análogos y vuestros Montparnasse,
bajad a pie colinas y montañas.
Bajad de vuestras cúpulas y poltronas.
Los árboles caen todavía
y no volveremos a los bosques nunca más..
No hay tiempo ahora para sentarse en ellos
mientras los hombres queman su propia casa
para cocinar a su cerdo.
No más cánticos Hare Krisna
mientras arde Roma.
Está quemándose San Francisco,
en el Moscú de Mayakowski está ardiendo
la gasolina fósil de la vida.
La Noche y el Caballo se acercan
comiendo luz, calor y poder
y las nubes tienen pantalones.
No hay tiempo para que el artista se esconda
encima, más allá o detrás de los escenarios,
indiferente, limpiándose las uñas,
refinándose fuera de la existencia.
No hay tiempo para nuestros pequeños juegos literarios,
no hay tiempo para nuestras paranoias y nuestras hipocondrías,
no hay tiempo para el miedo ni para el enojo,
sólo hay tiempo para la luz y el amor.
Hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación
destruidas por el aburrimiento en las lecturas poéticas.
La poesía no es una sociedad secreta,
no es un templo tampoco.
Palabras secretas y cantos ya no sirven.
Ya concluyó la hora del Om,
viene la hora del lamento,
la hora del lamento y del regocijo,
viene el final de la civilización industrial
de lo que perjudica al hombre y a la tierra.
Es la hora de encarar el exterior
en la posición del loto
con los ojos abiertos de par en par,
la hora de abrir vuestras bocas
con un nuevo discurso abierto,
la hora de comunicarse con todos los seres que sienten,
todos vuestros Poetas de las Ciudades,
colgados en los museos, yo incluido,
todos vosotros poetas para poetas que escribís poesía
sobre poesía,
todos vosotros poetas de lenguas muertas
y deconstruccionistas,
todos vosotros talleres de poesía
en los sótanos del corazón de América,
todos los domeñados en la casa de Ezra Pound,
todos vosotros poetas monstruosos cortados a patrón,
todos vosotros poetas concretos y estresados,
todos vosotros poetas cumilingües,
todos vosotros poetas de servicio de pago que os quejáis con graffitti,
todos vosotros versificadores del Metro incapaces de hacer rima
todos vosotros maestros del haiku
en las siberias de América,
todos vosotros ciegos ilusos,
todos vosotros supersurrealistas que os ocultáis a vosotros mismos,
todos vosotros visionarios de habitación
y agitadores de retrete,
todos vosotros poetas grouchomarxistas
y camaradas de la clase ociosa
que vagueáis todo el día
y habláis acerca de la clase proletaria.
Todos vosotros anarquistas católicos de la poesía
todos vosotros montañeros negros de la poesía
todos vosotros bramanes de Boston y bucólicos de Bolina
todos vosotros canguros de la poesía
todos vosotros hermanos zen de la poesía
todos vosotros amantes suicidas de la poesía
todos vosotros profesores greñudos de la poesía
todos vosotros reseñistas de la poesía
bebiendoos la sangre del poeta
todos vosotros policías de la poesía
¿dónde están los niños salvajes de Whitman?
¿dónde las voces fabulosas que recitan
con sentido de la dulzura y de lo sublime?
¿dónde la nueva visión fabulosa,
la fabulosa perspectiva del mundo?
¿la elevada canción profética
de la tierra inmensa
y todo lo que canta en ella
y nuestro vínculo con eso?
Poetas, descended
a la calle del mundo una vez más
y abrid vuestras mentes y vuestros ojos
con el antiguo deleite visual,
aclarar vuestras gargantas y hablad alto,
la poesía está muerta, larga vida a la poesía
de ojos terribles y fuerza de búfalo.
No esperéis a la revolución
o sucederá sin vosotros,
parad de susurrar y gritad
con una nueva poesía abierta de par en par
con un nuevo lugar público de sentido común
con otros niveles de subjetividad
otros niveles subversivos,
un tenedor incrustado en el interior del oído
para cavar la superficie.
De vuestro propio dulce yo que aún canta
hay que declarar la palabra colectiva
la poesía el común vehículo
para transportar al público
a lugares más elevados
de los que otros vehículos pueden alcanzar.
La poesía aún cae de los cielos
a nuestras calles todavía abiertas.
No han abandonado las barricadas todavía,
las calles aún vivas con caras
de adorables hombres y mujeres
que se pasean aún por allí,
hay criaturas adorables por todas partes aún,
en los ojos de todos el secreto de todos
sigue enterrado todavía,
los niños salvajes de Whitman todavía duermen allí,
despertaros y cantad al aire libre.
Lawrence Ferlinghetti
Gracias por el terremoto.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
domingo, 12 de abril de 2009
Glup

Los domingos escribo. Los domingos, me duele la cabeza y suele ser de aburrimiento, o del peso de toda la maldita semana, que se acumula ahí, en las sienes. Los domingos me da por pensar y por autotorturarme con cosas como "Debí haber dicho...", "Si lo llego a saber no voy...", "La próxima vez no lo hago...", y demás milongas absurdas que no sirven de nada, porque para el próximo domingo seguiré sin haber dicho lo que tenía que decir, yendo adonde no quería ir, y volviendo a hacer "eso" que dije que no haría. Pero la vida es así. ¿Así? ¡Pues maldita sea, menuda soberana mierda! Te pasas la puñetera adolescencia rebelándote contra ella, y al final, no te queda más asqueroso remedio que pasar por el aro y ver con tristeza que si no quieres estar solo, has de no decir lo que tenías que decir, ir adonde no querías, y volver a hacer aquello en lo que juraste no reincidir. Y además, quedarte tranquilo con frases como "la vida es así". Tragar, tragar, tragar... Tragar para no defraudar, tragar para no discutir, tragar y tragar siempre como si nos gustara. Ahora que, en lo de engullir mierda, siempre hay quien deglute y quien no, suele ser una dicotomía que se basa en un apestoso "dar-recibir". Unos dan y dan, y otros reciben y reciben. En este caso y al contrario de lo que pueda parecer, es el individuo activo, el dador, el que traga; mientras que el pasivo, que también da, claro está, pero menos, no se da -valga la redundancia- nunca cuenta ( o no quiere dársela) de absolutamente nada. Y yo me pregunto, ¿llegará un momento en el que te ahogues o sencillamente el desagüe se atrancará?Porque antes, esto de escribir me hacía las veces de desatascador. Pero por eso de dar, dar y dar y dar y dar, pues me quedo sin tiempo, oiga. Di que he oído de gente que empezó haciendo cosas que no le gustaban en absoluto y terminaron dominando la técnica, si no, que se lo pregunten a alguna artista de los blow jobs, que para el caso que nos ocupa es bastante ilustrativo...
Entretanto tarareo canciones de Inexistentes ("[...]Mierda de guión, yo creí que mi vida era un peliculón[...]"), y de Stravaganzza ("[...] Y en soledad, me lamento[...]"), y brindo con Neobrufén 600 por todo el tiempo perdido, mi sueño frustrado de ser cantante de heavy melódico y la guitarra abandonada, la carrera de Bellas Artes que no hice, las clases de ballet y piano que nunca tomé, y el libro de viajes que nunca escribiré.
El futuro se vislumbra turbio, amigos, pero siempre nos quedará el bukkake.
Entretanto tarareo canciones de Inexistentes ("[...]Mierda de guión, yo creí que mi vida era un peliculón[...]"), y de Stravaganzza ("[...] Y en soledad, me lamento[...]"), y brindo con Neobrufén 600 por todo el tiempo perdido, mi sueño frustrado de ser cantante de heavy melódico y la guitarra abandonada, la carrera de Bellas Artes que no hice, las clases de ballet y piano que nunca tomé, y el libro de viajes que nunca escribiré.
El futuro se vislumbra turbio, amigos, pero siempre nos quedará el bukkake.
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.
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Hacía bastantes domingos que no me (perdón por la palabra) cagaba en el domingo... ¡Maldito día siniestro! Yo que pensaba que me resultaba u...
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Los grandes dicen por qué escriben
Héctor Abad Faciolince
Porque mi cerebro se comunica mejor con mis manos que con la lengua. Porque el papel es un filtro, una coraza, entre mis palabras y los ojos del otro. Porque me odio menos escribiendo que hablando. Porque mientras escribo puedo corregir, escoger una por una las palabras y nadie me interrumpe ni se desespera mientras las encuentro. Por un ameno vicio solitario.
John Banville
Escribo porque no sé escribir. Un periodista le preguntó una vez a Gore Vidal por qué escribió Myra Breckinridge, a lo que contestó: 'Porque no estaba ahí'. Fue una buena respuesta. Poner algo nuevo en el mundo es un privilegio que no se le concede a mucha gente. Y además, la realidad no es real para mí hasta que no se haya pasado por el tamiz de las palabras. Por eso, supongo que escribo con el fin de imaginarme la realidad totalmente real. El arte crea la vida, dice Henry James, y así es.
Felipe Benítez Reyes
Si a alguien le preguntan por qué escribe, lo normal es que recurra a una frase más o menos ingeniosa, y casi todas las frases ingeniosas contienen un grado oscilante de falsedad, porque el ingenio suele implicar una ligera alteración del sentido en beneficio de la formulación misma. No sé por qué escribo, ni tampoco tengo demasiado interés en saberlo. En este caso, me preocupa más el cómo que el porqué. La pregunta me parece ociosa, de modo que cualquier respuesta posible no pasaría de ser una pirueta truculenta en el vacío. Aunque -quién sabe- a lo mejor escribe uno para eso: para obtener respuestas sin el requisito de una pregunta previa y, sobre todo, para ensayar piruetas truculentas en el vacío, que es un territorio literario bastante fértil.
John Boyne
Como la mayoría de los escritores, no escribo porque lo haya elegido; escribo porque tengo que hacerlo. Escribo porque estoy tratando de entenderme a mí mismo, mi vida, la razón por la que nací, la explicación de por qué moriré, y descubro que solo puedo hacerlo entrando en un universo habitado por personajes que nacen de mi imaginación. Escribo porque las historias entran en mi mente y me niego a irme hasta que no escribo 26 letras en el teclado y las envío a una pantalla ante mis ojos. Escribo por Charles Dickens. Y por George Orwell. Y John Irving. Y Colm Toibin. Escribo porque me encanta la sensación de tener un libro en mis manos y un libro en mi cabeza. Escribo porque me encantan las palabras. Escribo porque leo. Escribo porque siempre quiero saber qué ocurrirá a continuación.
José Manuel Caballero Bonald
Empecé a escribir porque quería parecerme a Espronceda. Ya lo he contado por ahí alguna vez. Un día encontré en mi casa familiar una biografía del poeta y quedé fascinado por alguien que murió con 33 años y había vivido las grandes aventuras: fundó una sociedad secreta, sufrió persecuciones y cárceles, anduvo exiliado en Lisboa y Londres, combatió en las barricadas de París, fue guardia de corps y diputado, vivió amores difíciles, luchó heroicamente contra el absolutismo, etcétera. Pues bien, como yo no podía emular a Espronceda en tantas y tan singulares hazañas, elegí lo que me resultaba más factible: ejercer de insumiso y escribir poesía. Luego, con los años, la afición por la lectura me fue activando una discontinua dedicación a la escritura. Y así hasta hoy.
Andrea Camilleri
Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central.
Escribo porque no sé hacer otra cosa.
Escribo porque después puedo dedicar los libros a mis nietos.
Escribo porque así me acuerdo de todas las personas a las que tanto he querido.
Escribo porque me gusta contarme historias.
Escribo porque me gusta contar historias.
Escribo porque al final puedo tomarme mi cerveza.
Escribo para devolver algo de todo lo que he leído.
Luisa Castro
La escritura para mí es una rendición. No soy una escritora con método; se me caen muchas cosas de las manos. Solo progresa la escritura que previamente se ha ido gestando dentro de mí, a veces contra mí. Escribo para conocer esos relatos, para descubrirlos. Me los cuento a mí misma. Me asombro, me indigno, me río, lloro y pataleo. No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto es porque me han vencido. No hay otra razón.
Lucía Etxebarria
1. Para que me quieran más como Bryce Echenique. 2. Porque cada vez que alguien me dice " tus libros me han ayudado mucho, por favor sigue escribiendo", me da una razón para hacerlo. 3. Para entenderme a mí misma. 4. Porque disfruto mucho haciéndolo. 5. Porque al colocar a personajes en situaciones que simbólicamente pueden representar aspectos de mi vida, y conseguir que salgan airosos de ellas, de alguna forma me salvo a mí. 6. Para darles voz a personas cuyas historias nadie escuchaba 7. Porque es como enviar un mensaje en una botella: creo que quizá le llegue a alguien a quien no conozco, pero que lo entenderá. 8. Porque siempre lo he hecho, porque es natural en mí, y porque es de las cosas que mejor hago, amén de dibujar, cocinar, hacer el amor y organizar fiestas. 9. Porque es una forma rentable y efectiva de exorcizar neurosis. 10. En parte, porque me pagan. Escribo por amor, publico por dinero. Por esa razón, no publico ni la mitad de lo que escribo.
Umberto Eco
Porque me gusta.
Ken Follet
Cuando me levanto por la mañana en lo primero que pienso es en escribir la próxima escena de mi libro. Es con lo que más disfruto. Es fantástico dedicarse a algo que uno sabe hacer bien. Disfruto escribiendo pero "disfrutar" es una palabra que se queda corta. El acto de escribir me apasiona. Envuelve todo mi intelecto, mis emociones y comprende lo que sé del mundo y de cómo funciona el ser humano. Todo forma parte del reto de hechizar a mis lectores. Mi trabajo me absorbe de forma total.
Carlos Fuentes
¿Por qué respiro?
Almudena Grandes
Cuando era pequeña y leía un libro que me gustaba mucho, me inventaba a solas, para mí sola, otro final, la continuación que su autor no había querido escribir. Todavía ahora, cuando no puedo dormir, me cuento historias, las pienso, las repaso, las describo en silencio, con los ojos cerrados, hasta que me quedo dormida.
No estoy muy segura -dudo que alguien pueda estarlo-, pero creo que escribo porque siento una necesidad insuperable de escribir. Para mí, la escritura es un impulso que no se define por sus resultados, sino por su naturaleza necesaria, algo parecido al hambre o la sed, que pueden proporcionar mucho placer, si se sacian, o mucho sufrimiento, si persisten, pero nunca dejan de ser dos necesidades, el hambre y la sed.
Mark Haddon
Ficción, poesía, teatro, pintura, dibujo, fotografía... en realidad eso no importa .
Un día que no consigo hacer alguna cosa, por pequeña que sea, me parece un día desperdiciado. Una semana sin crear algún tipo de arte me resulta sumamente dolorosa. A veces puede parecer una bendición ser así, saber con tanta certeza lo que quiero hacer. Pero a menudo es un sufrimiento porque saber lo que quieres no es lo mismo que saber cómo hacerlo. Podría haberme dedicado a cualquier otra cosa salvo que no me siento en condiciones para ello. Odio que me digan lo que tengo que hacer y cuándo tengo que hacerlo y, aunque disfruto en compañía, necesito pasar varias horas al día solo, únicamente pensando. Por eso nunca he conseguido conservar un "auténtico" trabajo durante más de seis semanas. ¿Por qué escribo? La única respuesta es porque no puedo hacer otra cosa.
Gonzalo Hidalgo Bayal
"Por afición, por aflicción", escribí alguna vez. Por afición, porque es inclinación, necesidad, perseverancia y distracción. Por aflicción, porque solo el dolor y sus numerosas circunstancias proporcionan suficiente materia literaria in hac lachrymarum valle. En la afición se centra la relación con el lenguaje, que es, cuanto más intensa, más grata y divertida. La aflicción obliga, en cambio, a la búsqueda del sentido, si es que algún sentido tienen las desventuras de los hombres. Y, en fin, como antídoto contra el sinsentido y las sinrazones de la trama, tal vez también para no caer en las vanidades de la trascendencia, el virtuoso ejercicio de un séptimo sentido: el sentimiento del humor.
Fernando Iwasaki
Escribo porque leo y gracias a la lectura nacen arroyos y afluentes del torrente de libros leídos. Escribo porque creo en la austera inmortalidad de la palabra escrita y en las bibliotecas como paraísos laicos. Escribo porque es el más poderoso acto libertario que conozco. Escribo porque el hechizo de la literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias. Escribo porque mis padres y mis hijos se alegran cada vez que alguien les cuenta que ha leído algo mío. Escribo porque contar historias es el oficio más antiguo del mundo. Escribo porque dedico todos los libros de ficción a mi mujer y así -mientras siga escribiendo- ella sabrá que la sigo queriendo.
Use Lahoz
Es una pregunta trampa en cuya respuesta se funden el placer y la necesidad. Supongo que escribo porque adoro las sorpresas y vivir con intensidad. Nada hay más inalcanzable que lo vivido, y la escritura incluye a veces la quimera de atrapar el pasado junto a la posibilidad de soñar despierto. Trae implícita la aventura de revivir, de combatir el paso del tiempo. Escribir ayuda a comprender y a ordenar el desorden. Escribir equilibra. Escribo para encontrar sentido al sinsentido, y porque me permite sentir el placer de contar la realidad y lo que imagino. Y también porque en el acto de escribir interviene la memoria, la experiencia y la imaginación, bienes a proteger. Escribo para reflexionar y pensar y darle vueltas a la vida de personajes siempre más interesantes que la mía. Y disfrutar del placer de la ficción, que es adictivo y que, como la realidad, no tiene límites. Escribo por supuesto para combatir el aburrimiento y pasarlo en grande. Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir. Escribo para estar en paz conmigo mismo, por aquello que decía Machado de "yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas". Escribo porque conmueve y perdura, cada novela es la primera. Además es bastante barato. En fin: escribo porque aprendo, y así, a veces, parece que siga estudiando.
Donna Leon
Al principio, con los primeros libros, escribía para ver si podía hacerlo. Nunca había escrito un libro antes. Se me ocurrió la idea de escribir uno y por eso lo intenté. Después de todo, había leído muchos libros, por eso me parecía que el siguiente paso era escribir uno. Al final, resultó ser bastante más que un paso, pero a lo largo del proceso, resultó que escribir un libro era muy divertido.
Y por eso ahora, después de 20 años haciéndolo y de 20 libros, lo hago porque es divertido. Los personajes hacen lo que les digo que hagan; la realidad se puede cambiar para adaptarla a mis necesidades; si alguien muere, lo puedo resucitar al día siguiente; si hay un problema social que me indigna, puedo hacer que un personaje exprese una opinión. No es necesariamente mi opinión pero normalmente es una opinión firme.
Supongo que también hay un elemento de vanidad en ello. En una cena, todos queremos que presten atención a nuestras ideas, ¿no es cierto? Pero los buenos modales mandan que compartamos la conversación con los demás. Pero en un libro, nuestro libro, nosotros los escritores podemos seguir -bla, bla, bla- sin parar, y nunca tenemos que interrumpirnos para dejar hablar a nadie más.
Elvira Lindo
"Escribo desde los nueve años. Desde muy joven empezaron a pagarme en la radio por guiones, cuentos y sketches. A los 31 años comencé a escribir libros. Pensé que escribir era mi oficio hasta que me di cuenta de que se trataba de algo más. Es un oficio pero también una forma de vida. No sabría vivir sin escribir. Todo lo que hago al cabo del día, lo que veo y escucho, lo que me provoca asombro, alegría o desdicha es material para ser contado. Y esa actitud vital, la de formar parte de la comedia humana pero la de ser también espectadora de ella, ese estar fuera y dentro a la vez, me ayuda a asimilar la experiencia de una manera enriquecedora. Escribo todos los días. Cuando no escribo me siento una inútil, así que he llegado a una conclusión radical: nunca podré dejarlo. No sé hacer otra cosa, no sabría vivir de otra manera".
Alberto Manguel
Porque no sé bailar el tango, tocar un instrumento musical como la celesta o el glockenspiel, resolver problemas de matemáticas superiores, correr una maratón en Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, jugar al fútbol, jugar al rugby, excavar ruinas arqueológicas en Guatemala, descifrar códigos secretos, rezar como un moje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario, hacer carpintería, construir una cabaña en Algonquin Park, conducir un avión a reacción, hacer surf, jugar a complejos videojuegos, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, hacer costura, traducir del árabe y del griego, realizar la ceremonia del té, descuartizar un cerdo, ser corredor de Bolsa en Hong Kong, plantar orquídeas, cosechar cebada, hacer la danza del vientre, patinar, conversar en el lenguaje de los sordomudos, recitar el Corán de memoria, actuar en un teatro, volar en dirigible, ser cinematógrafo y hacer una película, en blanco y negro, absolutamente realista de Alicia en el País de las Maravillas, hacerme pasar por un banquero respetable y estafar a miles de personas, deleitarme con un plato de tripas à la mode de Caën, hacer vino, ser médico y viajar a un lugar devastado por la guerra y tratar con gente que ha perdido un brazo, una pierna, una casa, un hijo, organizar una misión diplomática para resolver el problema del Medio Oriente, salvar náufragos, dedicar treinta años al estudio de la paleografía sánscrita, restaurar cuadros venecianos, ser orfebre, dar saltos mortales con o sin red, silbar, decir por qué escribo.
Javier Marías
Como ya he dicho en muchas ocasiones, escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar.
También porque no hay muchas más cosas que sepa hacer, y lo prefiero y me divierte más que traducir o dar clases, que al parecer sí sé hacer. O sabía, son actividades del pasado.
También escribo para no deberle casi nada a casi nadie ni tener que saludar a quienes no deseo saludar.
Porque creo que pienso mejor mientras estoy ante la máquina que en cualquier otro lugar y circunstancia.
Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse "lo real".
Lo que no hago es escribir por necesidad. Podría pasarme años tan tranquilo, sin escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo, y algún dinero hay que ganar. También escribo para eso.
Luisgé Martín
Cuando escucho a algún escritor explicar las razones por las que escribe pienso que yo también comparto esas razones. Todas. Me siento como un compendio, como uno de esos hipocondríacos que encuentran en sí mismos todos los síntomas de los que oyen hablar. Escribo como terapia psíquica, para ordenar el mundo y comprenderlo, para explicar el mundo a los demás tal como yo lo veo, para cambiar el mundo, para vivir vidas que no he podido vivir, para enmendar la vida que sí he vivido, para curar mis culpas, para pasar a la posteridad, para sobrevivir a la muerte, para sentir, al menos durante un instante, que soy Dios. Pero hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".
Luis Mateo Díez
Escribo para disimular la incapacidad de hacer cualquier otra cosa. Escribir no solo me entretiene, también me apasiona y me hace sentir dueño de algo que se contrapone en mi existencia a una cierta inclinación de inutilidad. También escribo, igual que leo, para conocer gente, quiero decir que me siento haciéndolo inmerso en aquel callejón lleno de gente desconocida al que se refería Nemiroski. Siempre hay alguien esperándome, y solo en el relato de la vida encuentro lo más complejo del sentido de la misma. Además, los días en que me quedo satisfecho con lo que acabo de escribir, tengo la convicción de no haber perdido el tiempo.
Eduardo Mendicutti
También a mí, como a Vargas Llosa, me dicen montones de veces que lo único que sé hacer es escribir. A lo mejor por eso acaban dándome el Nobel. Para todo lo demás, estoy convencido, soy un desastre: para poner ladrillos, para cultivar tomates, para imponer el orden, para correr a pie o en bicicleta aunque sea dopado, para condenar a delincuentes -con lo que a mí me gustan algunos delincuentes- sin que se me parta el corazón, o para defenderlos sin contagiarme... Cierto que, desde hace 30 años, soy bastante bueno como secretario general de una patronal de empresas consultoras, pero con algo tengo que redimirme. Así que escribo. Para inventarme inventando historias, para disfrutar del lenguaje, para compensar la timidez, para sacar los pies del plato, para que me lean. Claro que, según algún crítico y algunos colegas, puede que también para escribir sea una calamidad, pero de eso aún no he llegado a convencerme.
Eduardo Mendoza
Sinceramente, no lo sé. Nunca me lo he preguntado, ni al principio, que fue espontáneo, ni a lo largo de todos estos años. Hacerlo a estas alturas no creo que tenga interés, ni para mí ni para nadie. No es una respuesta bonita, pero es la que más se aproxima a la verdad.
Ricardo Menéndez Salmón
Escribo por insatisfacción. Si estuviera satisfecho, me limitaría a "vivir la vida", no a intentar comprenderla mediante la escritura. Claro que al intentar comprenderla, es decir, al escribirla, me doy cuenta de que en realidad la vida resulta incomprensible. Lo cual genera una nueva insatisfacción, la de comprobar que el intento por comprender la vida mediante la literatura lo único que ilumina es la imposibilidad de alcanzar esa comprensión. Pero entonces sucede algo curioso, y es que el hecho de descubrir esa imposibilidad me conmueve, admira e impulsa a escribir más y más. Así, lo que nace como un gesto decepcionado, insatisfecho, acaba convirtiéndose en un acto agradecido, admirativo. De modo que una dolencia (escribo porque soy infeliz; escribo porque soy inconsolable; escribo porque no entiendo lo que me rodea) se acaba convirtiendo en una necesidad (escribo porque no me resigno a ser infeliz, inconsolable e ignorante).
Juan José Millás
Escribo por las mismas razones que leo, porque no me encuentro bien.
Rosa Montero
Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa del duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.
Luis Muñoz
Se me amontonan las razones. Son muchas más de lo que luego rinden. Creo que puedo distinguir razones de tipo general y razones particulares. Entre las particulares:
-Por darle forma a una emoción concreta, por ejemplo a un pinchazo de belleza que me deja desorientado; el poema es en ese caso un intento de orientación, es la confección de un mapa que sitúa ese pinchazo con sus coordenadas y todo.
-Por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores; es como ponerle casa al pensamiento para hacer que viva allí, abrir ventanas, instalarle una cama, un baño, una cocina.
-Por ser vulnerable al contagio de otro poema que creo admirable y hacerme la ilusión de que puedo responderle, conversar con él o seguir alguno de sus hilos sueltos.
-Por enseñarle a un amigo algo de lo que me sienta medianamente orgulloso; es cómo decirle mira, he encontrado este trozo de vida, lo he trabajado así, le he hecho esto, aquello, a qué no soy tan desastre.
Entre las razones generales, que funcionan sobre todo cuando no estoy escribiendo, o sea, antes y después:
-Por querer sentir mi tiempo, el rabioso presente, en el lenguaje.
-Por estar enamorado de la capacidad de las palabras por volver a decir la verdad.
-Porque escribir es el modo más fiable que conozco para distinguir lo que importa.
-Por el sentimiento de libertad que produce, toda esa explanada inmensa que significa escribir.
-Por darle forma a seres informes: embriones de voces, sentimientos, sensaciones, ideas.
Antonio Muñoz Molina
Creo que nunca he pensado mucho en por qué escribo, salvo cuando me han hecho esa pregunta y he tenido que improvisar una respuesta que sonara convincente. Escribo, sobre todo, porque me gusta mucho hacerlo, y me ha gustado casi desde que tengo recuerdos. Me gustaba inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos cuando era niño. Me gustaba escribir redacciones en la escuela. Luego empecé a leer novelas de aventuras y me enteré de que todas ellas tenían un autor, que solía ser Julio Verne, y por primera vez me imaginé practicando ese oficio. Después me aficioné a leer poesía y por imitación me puse a escribir versos, siempre muy malos. Cuando tuve una máquina de escribir se me iban las tardes improvisando lo que fuera, por el puro gusto de golpear las teclas: diarios, poemas, obras de teatro. Escribo por gusto y porque me gano la vida escribiendo. Algunas veces disfruto mucho y otras preferiría estar haciendo cualquier otra cosa. Pero en ocasiones en que me he puesto a escribir contra mi voluntad y casi a la fuerza he encontrado cosas que de otra manera no se me habrían ocurrido. También escribo por quitarme la mala conciencia de no haber escrito, o para tener el alivio de haberlo hecho. Me puedo imaginar no publicando, al menos durante largos períodos, pero no me imagino no escribiendo. En el fondo es un vicio, un hábito cotidiano, o una manera de estar en el mundo, como tener afición por la lectura o por la música.
Julia Navarro
Para mí, escribir es una oportunidad de viajar al mundo de los sueños y de la imaginación; de inventar personajes y de vivir otras vidas; pero también de asumir compromisos, aunque a veces vayan envueltos con el papel del entretenimiento.
Andrés Neuman
Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque solo así puedo pensar. Escribo porque la felicidad también es un lenguaje. Escribo porque el dolor agradece que lo nombren. Escribo porque la muerte es un argumento difícil de entender. Escribo porque me da miedo morirme sin escribir. Escribo porque quisiera ser quienes no seré, vivir lo que no vivo, recordar lo que no vi. Escribo porque, sin ficción, el tiempo nos oprime. Escribo porque la ficción multiplica la vida. Escribo porque las palabras fabrican tiempo, y tiempo nos queda poco.
Amélie Nothomb
Me preguntan por qué elegí escribir. Yo no lo elegí. Es igual que enamorarse. Se sabe que no es una buena idea y uno no sabe cómo ha llegado ahí pero al menos, hay que intentarlo. Se le dedica toda la energía, todos los pensamientos, todo el tiempo. Escribir es un acto y al igual que el amor, es algo que se hace. Se desconoce su modo de empleo, así que se inventa porque necesariamente hay que encontrar un medio para hacerlo, un medio para conseguirlo.
Arturo Pérez-Reverte
Escribo porque hace 25 años que soy novelista profesional, y vivo de esto. Es mi trabajo. Igual que otros pasan en la oficina ocho horas diarias, yo las paso en mi biblioteca, rodeado de libros y cuadernos de notas, imaginando historias que expliquen el mundo como yo lo veo, y llevándolas al papel a golpe de tecla. Procuro hacerlo de la manera más disciplinada y eficaz posible. En cuanto a la materia que manejo, cada cual escribe con lo que es, supongo. Con lo que tiene en los ojos y la memoria. Muchas cosas no necesito inventarlas: me limito a recordar. Fui un escritor tardío porque hasta los 35 años estuve ocupado viviendo y leyendo; pateando el mundo, los libros y la vida. Ahora, con lo que eché en la mochila durante aquellos años, narro mis propias historias. Reescribo los libros que amé a la luz de la vida que viví. Nadie me ha contado lo que cuento.
Nélida Piñón
Yo creo con la esperanza de que la narrativa jamás me abandone, de que siga estando en todas partes. De que como compañera de mis días, irradie los caprichos humanos, los intersticios del misterio, frecuente en los puntos cardinales de mi existencia.
Escribo porque el verbo provoca en mí desasosiego, afila los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. Con la fe en que una historia bien contada me arrebate las lágrimas. Sobre todo cuando, en medio de la exaltación narrativa, menciona amores contrariados, despedidas hirientes, sentimientos ambiguos, despojados de lógica. Escribo, en conclusión, para ganar un salvoconducto con el que deambular por el laberinto humano.
Álvaro Pombo
Pienso en el pequeño cementerio de Londres, a unos diez minutos a pie de Paddington Green, donde robé un perro feo, de cemento, del sepulcro de una dama ahí enterrada. Al venir a Madrid, abandoné ese perro a su suerte en el Flat A, que era el top flat con una cocinita y un cuarto de baño. Escribir esto, ¿es escribir, o no? Es, desde luego, un modo de hacer surgir los recuerdos y las imágenes distinto del modo normal: un modo prefabricado, artificiado, que desea causar un efecto imborrable al menos en mi alma y luego en la de un lector o un millón, si es posible. Y también es un intento de expresar el ser, el Dios, en la claridad del ser-ahí que era yo en aquel entonces, al borde de la nada. Querer decirlo era querer estar más cerca del ser que lo corriente. Aún no sé si estoy en lo cierto. Hablar es inmediato, como respirar. Escribir, mediato como el respirar del pranayama.
Benjamín Prado
Yo escribo por una sola razón: para divertirme, para entretenerlos, para aprender, para enseñarles, para que sea cierto que "escribir es soñar / y que otros lo recuerden / al despertar", para que no me olviden, para que no nos callen y, en primer lugar, porque no podría no hacerlo.
Soledad Puértolas
Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y hunden. El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores.
Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo.
La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto.
Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.
En la vida, el dolor ahoga y la risa es efímera. En el texto, se produce una transformación que la inteligencia no puede explicar. Nos sumergimos en el dolor sin llegar a morir, conquistamos la distancia. Observamos, podemos emocionarnos, escoger, aventurarnos. La incertidumbre de la narración resulta más segura que las certezas de la vida. La palabra se hace enteramente nuestra.
Santiago Roncagliolo
Debería decir que escribo porque no sé hacer nada más: no sé montar bicicleta, llevo un año tratando de sacarme el carné de conducir, no entiendo las declaraciones de Hacienda y, cuando se estropea el ordenador, la única solución que se me ocurre es llorar hasta que se arregle solo. Pero intentaré una respuesta más profunda:Creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido. Pero además, escribir -como leer- te devuelve a la realidad mejor equipado para vivirla, con una comprensión mayor de lugares, personajes o sentimientos que no habrías visitado de otra manera. Y en ese sentido, no hace que la realidad sea más sensata, pero sí la vuelve un poquito mejor.
Fernando Royuela
Escribo por perplejidad. Tengo serias limitaciones para entender al ser humano y mediante la escritura las intento mitigar. La literatura es un vehículo fantástico para observar la realidad y descifrarla. Las palabras son los ojos del escritor. Escribir es saber mirar. Escribo para explicarme un universo inexplicable. Escribo para crear y descreer. Mediante la escritura invoco a los hombres y sacrifico a los dioses. Me río. Busco la belleza, también el horror porque escribir es descender a los infiernos y no salir indemne. Escribo para seducir, para subvertir, para sentirme vivo y muerto, para llorar, amar y maldecir. Escribo para no tener que aguantarme, para negar el mundo, para huir. Escribo porque me da la gana y me lo puedo permitir.
David Safier
¿Se acuerda de cuando era niño y jugaba? ¿Inventando historias disparatadas con figuritas de indios, vaqueros o pitufos? ¿O simplemente imaginando en la bañera que era el capitán de un barco pirata que buscaba un tesoro en medio de la tormenta? ¿Se acuerda de cómo se sentía cuando jugaba con otros niños en la calle y vivían increíbles aventuras haciendo de exploradores, cazadores o agentes secretos, luchando contra dinosaurios, monstruos o supermalos que querían destruir la tierra con rayos mortales? Pues bien, todo eso es lo que yo hago todavía. Jugar con mi imaginación. Cada día de mi vida. Y lo seguiré haciendo hasta que me muera. O me vuelva loco. Es lo que me gusta. Y por eso escribo. ¡Hay alguna otra cosa mejor!
Jorge Semprún
Si lo supiese, tal vez no escribiría. Quiero decir, si lo supiera con certeza, si a cada momento pudiese proclamar taxativamente, sin vacilar, por qué escribo, y para qué, para quién o quiénes, si así fuera, tal vez no escribiría. O sea, que escribo, en cierta medida, para encontrar respuestas al porqué. Escribir no es un acto reflejo, ni una función natural. No se escribe como se come o se ama. No se agota en el hecho de escribir el portentoso, o doloroso, o lo uno y lo otro, milagro de la escritura. No se agota, al escribir, el deseo inagotable de la escritura. Tal vez porque sea ésta la mejor forma de sobrevivir. ¿Por qué escribo? Tal vez para sobrevivir a la muerte, la necesaria muerte que me nombra cada día.
Wole Soyinka
Hace varios años, participé en esta misma experiencia con el periódico francés Libération. En aquella ocasión contesté: "Supongo que por el ser masoquista que llevo dentro de mí". Desde entonces, no he tenido ningún motivo para cambiar mi respuesta.
Antonio Tabucchi
Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: "No me queda otra". Las respuestas posibles son todas plausibles pero con un punto de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Por qué tenemos miedo de vivir? ¿Por qué tenemos nostalgia de la infancia? ¿Por qué el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Por qué queríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos y no debíamos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Boudelaire: la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción.
Andrés Trapiello
¿Para que escribe uno? Para responder sin afectación algún día esta pregunta. Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una "tragedia del alma", y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.
Kirmen Uribe
En noviembre de 2007 tuve la suerte de asistir como escritor invitado a la clase de escritura creativa de Anthony MacCann, en el CalArts de Los Ángeles. Anthony me contó que los mejores de cada promoción son fichados por las grandes productoras para trabajar como guionistas de series de televisión. Se hacen ricos. Los "peores", por el contrario, se dedican a la poesía.
Uno empieza a escribir en la tierna adolescencia por mímesis, porque quiere crear algo parecido a aquello que ha leído. Más tarde, en su juventud, cree que escribir puede hacer mejorar el mundo. Luego se convence de que el suyo es, al fin y al cabo, un oficio. Sin embargo, ahora mismo me doy cuenta que escribo, sencillamente, porque disfruto mucho haciéndolo. Me encanta quedarme solo y escribir. "Un solitario impulso de delicia" me lleva a escribir, como diría Yeats en su poema Un aviador irlandés prevé su muerte. Disfruto casi tanto como los "peores" de CalArts, que tumbados en el césped del campus con un libro en las manos, levantaban la mirada para ver pasar las nubes. Yo, en la clase de Anthony, sería, sin duda, del grupo de los poetas.
Mario Vargas Llosa
Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura.
En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida.
La famosa frase de Flaubert que siempre cito: "Escribir es una manera de vivir". En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura.
Juan Gabriel Vásquez
Escribo porque me irrita y me entristece el desorden del mundo, y descubrí hace mucho tiempo que en la buena ficción el mundo tiene un orden o su desorden tiene un sentido. Escribo porque mi inteligencia es limitada y sólo soy capaz de entender lo que viene en palabras. Escribo, por lo tanto, porque no entiendo o porque ignoro: "escribe sobre lo que conoces" me parece el consejo más idiota del mundo, porque se escribe, precisamente, para conocer. Escribo porque no he encontrado otra manera de vivir varias vidas, de ser varias personas, sin hacer daño o poner en riesgo a los que me rodean (y aun así les he hecho daño muchas veces, muchas veces los he puesto en riesgo). Escribo porque, como leí en alguna parte, la imaginación transforma la experiencia en conocimiento.
Manuel Vicent
Si esta pregunta se me hubiera formulado hace muchos años, cuando empecé a escribir, mi respuesta habría sido más romántica, más literaria, más estúpida. Probablemente habría contestado que escribía para crear un mundo a mi imagen, para poder leer el libro que no encontraba en mi biblioteca, para no suicidarme, para enamorar a una niña, para influir en la sociedad o tal vez cínicamente porque no servía para nada más, ni siquiera para arreglar un enchufe. Sin olvidar lo que este oficio tiene de vanidad y de narcisismo, a estas alturas de la profesión creo que escribo porque es un trabajo que me gusta, que unas veces me sale bien y otras mal, pero en cualquier caso la literatura ya forma parte de un mismo impulso vital que me sirve para sentirme a gusto todavía en este mundo, sin que espere gran cosa de su resultado.
Enrique Vila-Matas
Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer una lazada en mis zapatos. Y también por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. Este tipo de habilidades no nos llaman la atención, por ser muy familiares. Pero, en algún tiempo remoto, un antepasado hizo la primera lazada. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quién habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.
Juan Eduardo Zúñiga
El jardincillo parece envejecido con los fríos de noviembre y el suelo está cubierto de las hojas caídas de una acacia. Dejo de mirarlo desde la ventana, estoy solo en el cuarto vacío donde tengo los juguetes y los cuentos, en las paredes sujetas con chinchetas hay dos láminas referentes a un país extranjero y extranjero es el autor de un libro que cojo, y me aprendo su nombre: Michel Zevaco. Leo el final del segundo capítulo: un hombre busca sin parar en un cofre lleno de joyas y no encuentra lo más importante para él. Me extraña esto ¿más valioso que joyas ? Tengo al lado un cuaderno y lápiz, sin pensar escribo: "Él buscaba algo entre las joyas ..." y sigo escribiendo, sigo así hasta hoy.
Porque mi cerebro se comunica mejor con mis manos que con la lengua. Porque el papel es un filtro, una coraza, entre mis palabras y los ojos del otro. Porque me odio menos escribiendo que hablando. Porque mientras escribo puedo corregir, escoger una por una las palabras y nadie me interrumpe ni se desespera mientras las encuentro. Por un ameno vicio solitario.
John Banville
Escribo porque no sé escribir. Un periodista le preguntó una vez a Gore Vidal por qué escribió Myra Breckinridge, a lo que contestó: 'Porque no estaba ahí'. Fue una buena respuesta. Poner algo nuevo en el mundo es un privilegio que no se le concede a mucha gente. Y además, la realidad no es real para mí hasta que no se haya pasado por el tamiz de las palabras. Por eso, supongo que escribo con el fin de imaginarme la realidad totalmente real. El arte crea la vida, dice Henry James, y así es.
Felipe Benítez Reyes
Si a alguien le preguntan por qué escribe, lo normal es que recurra a una frase más o menos ingeniosa, y casi todas las frases ingeniosas contienen un grado oscilante de falsedad, porque el ingenio suele implicar una ligera alteración del sentido en beneficio de la formulación misma. No sé por qué escribo, ni tampoco tengo demasiado interés en saberlo. En este caso, me preocupa más el cómo que el porqué. La pregunta me parece ociosa, de modo que cualquier respuesta posible no pasaría de ser una pirueta truculenta en el vacío. Aunque -quién sabe- a lo mejor escribe uno para eso: para obtener respuestas sin el requisito de una pregunta previa y, sobre todo, para ensayar piruetas truculentas en el vacío, que es un territorio literario bastante fértil.
John Boyne
Como la mayoría de los escritores, no escribo porque lo haya elegido; escribo porque tengo que hacerlo. Escribo porque estoy tratando de entenderme a mí mismo, mi vida, la razón por la que nací, la explicación de por qué moriré, y descubro que solo puedo hacerlo entrando en un universo habitado por personajes que nacen de mi imaginación. Escribo porque las historias entran en mi mente y me niego a irme hasta que no escribo 26 letras en el teclado y las envío a una pantalla ante mis ojos. Escribo por Charles Dickens. Y por George Orwell. Y John Irving. Y Colm Toibin. Escribo porque me encanta la sensación de tener un libro en mis manos y un libro en mi cabeza. Escribo porque me encantan las palabras. Escribo porque leo. Escribo porque siempre quiero saber qué ocurrirá a continuación.
José Manuel Caballero Bonald
Empecé a escribir porque quería parecerme a Espronceda. Ya lo he contado por ahí alguna vez. Un día encontré en mi casa familiar una biografía del poeta y quedé fascinado por alguien que murió con 33 años y había vivido las grandes aventuras: fundó una sociedad secreta, sufrió persecuciones y cárceles, anduvo exiliado en Lisboa y Londres, combatió en las barricadas de París, fue guardia de corps y diputado, vivió amores difíciles, luchó heroicamente contra el absolutismo, etcétera. Pues bien, como yo no podía emular a Espronceda en tantas y tan singulares hazañas, elegí lo que me resultaba más factible: ejercer de insumiso y escribir poesía. Luego, con los años, la afición por la lectura me fue activando una discontinua dedicación a la escritura. Y así hasta hoy.
Andrea Camilleri
Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central.
Escribo porque no sé hacer otra cosa.
Escribo porque después puedo dedicar los libros a mis nietos.
Escribo porque así me acuerdo de todas las personas a las que tanto he querido.
Escribo porque me gusta contarme historias.
Escribo porque me gusta contar historias.
Escribo porque al final puedo tomarme mi cerveza.
Escribo para devolver algo de todo lo que he leído.
Luisa Castro
La escritura para mí es una rendición. No soy una escritora con método; se me caen muchas cosas de las manos. Solo progresa la escritura que previamente se ha ido gestando dentro de mí, a veces contra mí. Escribo para conocer esos relatos, para descubrirlos. Me los cuento a mí misma. Me asombro, me indigno, me río, lloro y pataleo. No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto es porque me han vencido. No hay otra razón.
Lucía Etxebarria
1. Para que me quieran más como Bryce Echenique. 2. Porque cada vez que alguien me dice " tus libros me han ayudado mucho, por favor sigue escribiendo", me da una razón para hacerlo. 3. Para entenderme a mí misma. 4. Porque disfruto mucho haciéndolo. 5. Porque al colocar a personajes en situaciones que simbólicamente pueden representar aspectos de mi vida, y conseguir que salgan airosos de ellas, de alguna forma me salvo a mí. 6. Para darles voz a personas cuyas historias nadie escuchaba 7. Porque es como enviar un mensaje en una botella: creo que quizá le llegue a alguien a quien no conozco, pero que lo entenderá. 8. Porque siempre lo he hecho, porque es natural en mí, y porque es de las cosas que mejor hago, amén de dibujar, cocinar, hacer el amor y organizar fiestas. 9. Porque es una forma rentable y efectiva de exorcizar neurosis. 10. En parte, porque me pagan. Escribo por amor, publico por dinero. Por esa razón, no publico ni la mitad de lo que escribo.
Umberto Eco
Porque me gusta.
Ken Follet
Cuando me levanto por la mañana en lo primero que pienso es en escribir la próxima escena de mi libro. Es con lo que más disfruto. Es fantástico dedicarse a algo que uno sabe hacer bien. Disfruto escribiendo pero "disfrutar" es una palabra que se queda corta. El acto de escribir me apasiona. Envuelve todo mi intelecto, mis emociones y comprende lo que sé del mundo y de cómo funciona el ser humano. Todo forma parte del reto de hechizar a mis lectores. Mi trabajo me absorbe de forma total.
Carlos Fuentes
¿Por qué respiro?
Almudena Grandes
Cuando era pequeña y leía un libro que me gustaba mucho, me inventaba a solas, para mí sola, otro final, la continuación que su autor no había querido escribir. Todavía ahora, cuando no puedo dormir, me cuento historias, las pienso, las repaso, las describo en silencio, con los ojos cerrados, hasta que me quedo dormida.
No estoy muy segura -dudo que alguien pueda estarlo-, pero creo que escribo porque siento una necesidad insuperable de escribir. Para mí, la escritura es un impulso que no se define por sus resultados, sino por su naturaleza necesaria, algo parecido al hambre o la sed, que pueden proporcionar mucho placer, si se sacian, o mucho sufrimiento, si persisten, pero nunca dejan de ser dos necesidades, el hambre y la sed.
Mark Haddon
Ficción, poesía, teatro, pintura, dibujo, fotografía... en realidad eso no importa .
Un día que no consigo hacer alguna cosa, por pequeña que sea, me parece un día desperdiciado. Una semana sin crear algún tipo de arte me resulta sumamente dolorosa. A veces puede parecer una bendición ser así, saber con tanta certeza lo que quiero hacer. Pero a menudo es un sufrimiento porque saber lo que quieres no es lo mismo que saber cómo hacerlo. Podría haberme dedicado a cualquier otra cosa salvo que no me siento en condiciones para ello. Odio que me digan lo que tengo que hacer y cuándo tengo que hacerlo y, aunque disfruto en compañía, necesito pasar varias horas al día solo, únicamente pensando. Por eso nunca he conseguido conservar un "auténtico" trabajo durante más de seis semanas. ¿Por qué escribo? La única respuesta es porque no puedo hacer otra cosa.
Gonzalo Hidalgo Bayal
"Por afición, por aflicción", escribí alguna vez. Por afición, porque es inclinación, necesidad, perseverancia y distracción. Por aflicción, porque solo el dolor y sus numerosas circunstancias proporcionan suficiente materia literaria in hac lachrymarum valle. En la afición se centra la relación con el lenguaje, que es, cuanto más intensa, más grata y divertida. La aflicción obliga, en cambio, a la búsqueda del sentido, si es que algún sentido tienen las desventuras de los hombres. Y, en fin, como antídoto contra el sinsentido y las sinrazones de la trama, tal vez también para no caer en las vanidades de la trascendencia, el virtuoso ejercicio de un séptimo sentido: el sentimiento del humor.
Fernando Iwasaki
Escribo porque leo y gracias a la lectura nacen arroyos y afluentes del torrente de libros leídos. Escribo porque creo en la austera inmortalidad de la palabra escrita y en las bibliotecas como paraísos laicos. Escribo porque es el más poderoso acto libertario que conozco. Escribo porque el hechizo de la literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias. Escribo porque mis padres y mis hijos se alegran cada vez que alguien les cuenta que ha leído algo mío. Escribo porque contar historias es el oficio más antiguo del mundo. Escribo porque dedico todos los libros de ficción a mi mujer y así -mientras siga escribiendo- ella sabrá que la sigo queriendo.
Use Lahoz
Es una pregunta trampa en cuya respuesta se funden el placer y la necesidad. Supongo que escribo porque adoro las sorpresas y vivir con intensidad. Nada hay más inalcanzable que lo vivido, y la escritura incluye a veces la quimera de atrapar el pasado junto a la posibilidad de soñar despierto. Trae implícita la aventura de revivir, de combatir el paso del tiempo. Escribir ayuda a comprender y a ordenar el desorden. Escribir equilibra. Escribo para encontrar sentido al sinsentido, y porque me permite sentir el placer de contar la realidad y lo que imagino. Y también porque en el acto de escribir interviene la memoria, la experiencia y la imaginación, bienes a proteger. Escribo para reflexionar y pensar y darle vueltas a la vida de personajes siempre más interesantes que la mía. Y disfrutar del placer de la ficción, que es adictivo y que, como la realidad, no tiene límites. Escribo por supuesto para combatir el aburrimiento y pasarlo en grande. Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir. Escribo para estar en paz conmigo mismo, por aquello que decía Machado de "yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas". Escribo porque conmueve y perdura, cada novela es la primera. Además es bastante barato. En fin: escribo porque aprendo, y así, a veces, parece que siga estudiando.
Donna Leon
Al principio, con los primeros libros, escribía para ver si podía hacerlo. Nunca había escrito un libro antes. Se me ocurrió la idea de escribir uno y por eso lo intenté. Después de todo, había leído muchos libros, por eso me parecía que el siguiente paso era escribir uno. Al final, resultó ser bastante más que un paso, pero a lo largo del proceso, resultó que escribir un libro era muy divertido.
Y por eso ahora, después de 20 años haciéndolo y de 20 libros, lo hago porque es divertido. Los personajes hacen lo que les digo que hagan; la realidad se puede cambiar para adaptarla a mis necesidades; si alguien muere, lo puedo resucitar al día siguiente; si hay un problema social que me indigna, puedo hacer que un personaje exprese una opinión. No es necesariamente mi opinión pero normalmente es una opinión firme.
Supongo que también hay un elemento de vanidad en ello. En una cena, todos queremos que presten atención a nuestras ideas, ¿no es cierto? Pero los buenos modales mandan que compartamos la conversación con los demás. Pero en un libro, nuestro libro, nosotros los escritores podemos seguir -bla, bla, bla- sin parar, y nunca tenemos que interrumpirnos para dejar hablar a nadie más.
Elvira Lindo
"Escribo desde los nueve años. Desde muy joven empezaron a pagarme en la radio por guiones, cuentos y sketches. A los 31 años comencé a escribir libros. Pensé que escribir era mi oficio hasta que me di cuenta de que se trataba de algo más. Es un oficio pero también una forma de vida. No sabría vivir sin escribir. Todo lo que hago al cabo del día, lo que veo y escucho, lo que me provoca asombro, alegría o desdicha es material para ser contado. Y esa actitud vital, la de formar parte de la comedia humana pero la de ser también espectadora de ella, ese estar fuera y dentro a la vez, me ayuda a asimilar la experiencia de una manera enriquecedora. Escribo todos los días. Cuando no escribo me siento una inútil, así que he llegado a una conclusión radical: nunca podré dejarlo. No sé hacer otra cosa, no sabría vivir de otra manera".
Alberto Manguel
Porque no sé bailar el tango, tocar un instrumento musical como la celesta o el glockenspiel, resolver problemas de matemáticas superiores, correr una maratón en Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, jugar al fútbol, jugar al rugby, excavar ruinas arqueológicas en Guatemala, descifrar códigos secretos, rezar como un moje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario, hacer carpintería, construir una cabaña en Algonquin Park, conducir un avión a reacción, hacer surf, jugar a complejos videojuegos, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, hacer costura, traducir del árabe y del griego, realizar la ceremonia del té, descuartizar un cerdo, ser corredor de Bolsa en Hong Kong, plantar orquídeas, cosechar cebada, hacer la danza del vientre, patinar, conversar en el lenguaje de los sordomudos, recitar el Corán de memoria, actuar en un teatro, volar en dirigible, ser cinematógrafo y hacer una película, en blanco y negro, absolutamente realista de Alicia en el País de las Maravillas, hacerme pasar por un banquero respetable y estafar a miles de personas, deleitarme con un plato de tripas à la mode de Caën, hacer vino, ser médico y viajar a un lugar devastado por la guerra y tratar con gente que ha perdido un brazo, una pierna, una casa, un hijo, organizar una misión diplomática para resolver el problema del Medio Oriente, salvar náufragos, dedicar treinta años al estudio de la paleografía sánscrita, restaurar cuadros venecianos, ser orfebre, dar saltos mortales con o sin red, silbar, decir por qué escribo.
Javier Marías
Como ya he dicho en muchas ocasiones, escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar.
También porque no hay muchas más cosas que sepa hacer, y lo prefiero y me divierte más que traducir o dar clases, que al parecer sí sé hacer. O sabía, son actividades del pasado.
También escribo para no deberle casi nada a casi nadie ni tener que saludar a quienes no deseo saludar.
Porque creo que pienso mejor mientras estoy ante la máquina que en cualquier otro lugar y circunstancia.
Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse "lo real".
Lo que no hago es escribir por necesidad. Podría pasarme años tan tranquilo, sin escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo, y algún dinero hay que ganar. También escribo para eso.
Luisgé Martín
Cuando escucho a algún escritor explicar las razones por las que escribe pienso que yo también comparto esas razones. Todas. Me siento como un compendio, como uno de esos hipocondríacos que encuentran en sí mismos todos los síntomas de los que oyen hablar. Escribo como terapia psíquica, para ordenar el mundo y comprenderlo, para explicar el mundo a los demás tal como yo lo veo, para cambiar el mundo, para vivir vidas que no he podido vivir, para enmendar la vida que sí he vivido, para curar mis culpas, para pasar a la posteridad, para sobrevivir a la muerte, para sentir, al menos durante un instante, que soy Dios. Pero hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".
Luis Mateo Díez
Escribo para disimular la incapacidad de hacer cualquier otra cosa. Escribir no solo me entretiene, también me apasiona y me hace sentir dueño de algo que se contrapone en mi existencia a una cierta inclinación de inutilidad. También escribo, igual que leo, para conocer gente, quiero decir que me siento haciéndolo inmerso en aquel callejón lleno de gente desconocida al que se refería Nemiroski. Siempre hay alguien esperándome, y solo en el relato de la vida encuentro lo más complejo del sentido de la misma. Además, los días en que me quedo satisfecho con lo que acabo de escribir, tengo la convicción de no haber perdido el tiempo.
Eduardo Mendicutti
También a mí, como a Vargas Llosa, me dicen montones de veces que lo único que sé hacer es escribir. A lo mejor por eso acaban dándome el Nobel. Para todo lo demás, estoy convencido, soy un desastre: para poner ladrillos, para cultivar tomates, para imponer el orden, para correr a pie o en bicicleta aunque sea dopado, para condenar a delincuentes -con lo que a mí me gustan algunos delincuentes- sin que se me parta el corazón, o para defenderlos sin contagiarme... Cierto que, desde hace 30 años, soy bastante bueno como secretario general de una patronal de empresas consultoras, pero con algo tengo que redimirme. Así que escribo. Para inventarme inventando historias, para disfrutar del lenguaje, para compensar la timidez, para sacar los pies del plato, para que me lean. Claro que, según algún crítico y algunos colegas, puede que también para escribir sea una calamidad, pero de eso aún no he llegado a convencerme.
Eduardo Mendoza
Sinceramente, no lo sé. Nunca me lo he preguntado, ni al principio, que fue espontáneo, ni a lo largo de todos estos años. Hacerlo a estas alturas no creo que tenga interés, ni para mí ni para nadie. No es una respuesta bonita, pero es la que más se aproxima a la verdad.
Ricardo Menéndez Salmón
Escribo por insatisfacción. Si estuviera satisfecho, me limitaría a "vivir la vida", no a intentar comprenderla mediante la escritura. Claro que al intentar comprenderla, es decir, al escribirla, me doy cuenta de que en realidad la vida resulta incomprensible. Lo cual genera una nueva insatisfacción, la de comprobar que el intento por comprender la vida mediante la literatura lo único que ilumina es la imposibilidad de alcanzar esa comprensión. Pero entonces sucede algo curioso, y es que el hecho de descubrir esa imposibilidad me conmueve, admira e impulsa a escribir más y más. Así, lo que nace como un gesto decepcionado, insatisfecho, acaba convirtiéndose en un acto agradecido, admirativo. De modo que una dolencia (escribo porque soy infeliz; escribo porque soy inconsolable; escribo porque no entiendo lo que me rodea) se acaba convirtiendo en una necesidad (escribo porque no me resigno a ser infeliz, inconsolable e ignorante).
Juan José Millás
Escribo por las mismas razones que leo, porque no me encuentro bien.
Rosa Montero
Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa del duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.
Luis Muñoz
Se me amontonan las razones. Son muchas más de lo que luego rinden. Creo que puedo distinguir razones de tipo general y razones particulares. Entre las particulares:
-Por darle forma a una emoción concreta, por ejemplo a un pinchazo de belleza que me deja desorientado; el poema es en ese caso un intento de orientación, es la confección de un mapa que sitúa ese pinchazo con sus coordenadas y todo.
-Por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores; es como ponerle casa al pensamiento para hacer que viva allí, abrir ventanas, instalarle una cama, un baño, una cocina.
-Por ser vulnerable al contagio de otro poema que creo admirable y hacerme la ilusión de que puedo responderle, conversar con él o seguir alguno de sus hilos sueltos.
-Por enseñarle a un amigo algo de lo que me sienta medianamente orgulloso; es cómo decirle mira, he encontrado este trozo de vida, lo he trabajado así, le he hecho esto, aquello, a qué no soy tan desastre.
Entre las razones generales, que funcionan sobre todo cuando no estoy escribiendo, o sea, antes y después:
-Por querer sentir mi tiempo, el rabioso presente, en el lenguaje.
-Por estar enamorado de la capacidad de las palabras por volver a decir la verdad.
-Porque escribir es el modo más fiable que conozco para distinguir lo que importa.
-Por el sentimiento de libertad que produce, toda esa explanada inmensa que significa escribir.
-Por darle forma a seres informes: embriones de voces, sentimientos, sensaciones, ideas.
Antonio Muñoz Molina
Creo que nunca he pensado mucho en por qué escribo, salvo cuando me han hecho esa pregunta y he tenido que improvisar una respuesta que sonara convincente. Escribo, sobre todo, porque me gusta mucho hacerlo, y me ha gustado casi desde que tengo recuerdos. Me gustaba inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos cuando era niño. Me gustaba escribir redacciones en la escuela. Luego empecé a leer novelas de aventuras y me enteré de que todas ellas tenían un autor, que solía ser Julio Verne, y por primera vez me imaginé practicando ese oficio. Después me aficioné a leer poesía y por imitación me puse a escribir versos, siempre muy malos. Cuando tuve una máquina de escribir se me iban las tardes improvisando lo que fuera, por el puro gusto de golpear las teclas: diarios, poemas, obras de teatro. Escribo por gusto y porque me gano la vida escribiendo. Algunas veces disfruto mucho y otras preferiría estar haciendo cualquier otra cosa. Pero en ocasiones en que me he puesto a escribir contra mi voluntad y casi a la fuerza he encontrado cosas que de otra manera no se me habrían ocurrido. También escribo por quitarme la mala conciencia de no haber escrito, o para tener el alivio de haberlo hecho. Me puedo imaginar no publicando, al menos durante largos períodos, pero no me imagino no escribiendo. En el fondo es un vicio, un hábito cotidiano, o una manera de estar en el mundo, como tener afición por la lectura o por la música.
Julia Navarro
Para mí, escribir es una oportunidad de viajar al mundo de los sueños y de la imaginación; de inventar personajes y de vivir otras vidas; pero también de asumir compromisos, aunque a veces vayan envueltos con el papel del entretenimiento.
Andrés Neuman
Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque solo así puedo pensar. Escribo porque la felicidad también es un lenguaje. Escribo porque el dolor agradece que lo nombren. Escribo porque la muerte es un argumento difícil de entender. Escribo porque me da miedo morirme sin escribir. Escribo porque quisiera ser quienes no seré, vivir lo que no vivo, recordar lo que no vi. Escribo porque, sin ficción, el tiempo nos oprime. Escribo porque la ficción multiplica la vida. Escribo porque las palabras fabrican tiempo, y tiempo nos queda poco.
Amélie Nothomb
Me preguntan por qué elegí escribir. Yo no lo elegí. Es igual que enamorarse. Se sabe que no es una buena idea y uno no sabe cómo ha llegado ahí pero al menos, hay que intentarlo. Se le dedica toda la energía, todos los pensamientos, todo el tiempo. Escribir es un acto y al igual que el amor, es algo que se hace. Se desconoce su modo de empleo, así que se inventa porque necesariamente hay que encontrar un medio para hacerlo, un medio para conseguirlo.
Arturo Pérez-Reverte
Escribo porque hace 25 años que soy novelista profesional, y vivo de esto. Es mi trabajo. Igual que otros pasan en la oficina ocho horas diarias, yo las paso en mi biblioteca, rodeado de libros y cuadernos de notas, imaginando historias que expliquen el mundo como yo lo veo, y llevándolas al papel a golpe de tecla. Procuro hacerlo de la manera más disciplinada y eficaz posible. En cuanto a la materia que manejo, cada cual escribe con lo que es, supongo. Con lo que tiene en los ojos y la memoria. Muchas cosas no necesito inventarlas: me limito a recordar. Fui un escritor tardío porque hasta los 35 años estuve ocupado viviendo y leyendo; pateando el mundo, los libros y la vida. Ahora, con lo que eché en la mochila durante aquellos años, narro mis propias historias. Reescribo los libros que amé a la luz de la vida que viví. Nadie me ha contado lo que cuento.
Nélida Piñón
Yo creo con la esperanza de que la narrativa jamás me abandone, de que siga estando en todas partes. De que como compañera de mis días, irradie los caprichos humanos, los intersticios del misterio, frecuente en los puntos cardinales de mi existencia.
Escribo porque el verbo provoca en mí desasosiego, afila los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. Con la fe en que una historia bien contada me arrebate las lágrimas. Sobre todo cuando, en medio de la exaltación narrativa, menciona amores contrariados, despedidas hirientes, sentimientos ambiguos, despojados de lógica. Escribo, en conclusión, para ganar un salvoconducto con el que deambular por el laberinto humano.
Álvaro Pombo
Pienso en el pequeño cementerio de Londres, a unos diez minutos a pie de Paddington Green, donde robé un perro feo, de cemento, del sepulcro de una dama ahí enterrada. Al venir a Madrid, abandoné ese perro a su suerte en el Flat A, que era el top flat con una cocinita y un cuarto de baño. Escribir esto, ¿es escribir, o no? Es, desde luego, un modo de hacer surgir los recuerdos y las imágenes distinto del modo normal: un modo prefabricado, artificiado, que desea causar un efecto imborrable al menos en mi alma y luego en la de un lector o un millón, si es posible. Y también es un intento de expresar el ser, el Dios, en la claridad del ser-ahí que era yo en aquel entonces, al borde de la nada. Querer decirlo era querer estar más cerca del ser que lo corriente. Aún no sé si estoy en lo cierto. Hablar es inmediato, como respirar. Escribir, mediato como el respirar del pranayama.
Benjamín Prado
Yo escribo por una sola razón: para divertirme, para entretenerlos, para aprender, para enseñarles, para que sea cierto que "escribir es soñar / y que otros lo recuerden / al despertar", para que no me olviden, para que no nos callen y, en primer lugar, porque no podría no hacerlo.
Soledad Puértolas
Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y hunden. El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores.
Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo.
La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto.
Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.
En la vida, el dolor ahoga y la risa es efímera. En el texto, se produce una transformación que la inteligencia no puede explicar. Nos sumergimos en el dolor sin llegar a morir, conquistamos la distancia. Observamos, podemos emocionarnos, escoger, aventurarnos. La incertidumbre de la narración resulta más segura que las certezas de la vida. La palabra se hace enteramente nuestra.
Santiago Roncagliolo
Debería decir que escribo porque no sé hacer nada más: no sé montar bicicleta, llevo un año tratando de sacarme el carné de conducir, no entiendo las declaraciones de Hacienda y, cuando se estropea el ordenador, la única solución que se me ocurre es llorar hasta que se arregle solo. Pero intentaré una respuesta más profunda:Creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido. Pero además, escribir -como leer- te devuelve a la realidad mejor equipado para vivirla, con una comprensión mayor de lugares, personajes o sentimientos que no habrías visitado de otra manera. Y en ese sentido, no hace que la realidad sea más sensata, pero sí la vuelve un poquito mejor.
Fernando Royuela
Escribo por perplejidad. Tengo serias limitaciones para entender al ser humano y mediante la escritura las intento mitigar. La literatura es un vehículo fantástico para observar la realidad y descifrarla. Las palabras son los ojos del escritor. Escribir es saber mirar. Escribo para explicarme un universo inexplicable. Escribo para crear y descreer. Mediante la escritura invoco a los hombres y sacrifico a los dioses. Me río. Busco la belleza, también el horror porque escribir es descender a los infiernos y no salir indemne. Escribo para seducir, para subvertir, para sentirme vivo y muerto, para llorar, amar y maldecir. Escribo para no tener que aguantarme, para negar el mundo, para huir. Escribo porque me da la gana y me lo puedo permitir.
David Safier
¿Se acuerda de cuando era niño y jugaba? ¿Inventando historias disparatadas con figuritas de indios, vaqueros o pitufos? ¿O simplemente imaginando en la bañera que era el capitán de un barco pirata que buscaba un tesoro en medio de la tormenta? ¿Se acuerda de cómo se sentía cuando jugaba con otros niños en la calle y vivían increíbles aventuras haciendo de exploradores, cazadores o agentes secretos, luchando contra dinosaurios, monstruos o supermalos que querían destruir la tierra con rayos mortales? Pues bien, todo eso es lo que yo hago todavía. Jugar con mi imaginación. Cada día de mi vida. Y lo seguiré haciendo hasta que me muera. O me vuelva loco. Es lo que me gusta. Y por eso escribo. ¡Hay alguna otra cosa mejor!
Jorge Semprún
Si lo supiese, tal vez no escribiría. Quiero decir, si lo supiera con certeza, si a cada momento pudiese proclamar taxativamente, sin vacilar, por qué escribo, y para qué, para quién o quiénes, si así fuera, tal vez no escribiría. O sea, que escribo, en cierta medida, para encontrar respuestas al porqué. Escribir no es un acto reflejo, ni una función natural. No se escribe como se come o se ama. No se agota en el hecho de escribir el portentoso, o doloroso, o lo uno y lo otro, milagro de la escritura. No se agota, al escribir, el deseo inagotable de la escritura. Tal vez porque sea ésta la mejor forma de sobrevivir. ¿Por qué escribo? Tal vez para sobrevivir a la muerte, la necesaria muerte que me nombra cada día.
Wole Soyinka
Hace varios años, participé en esta misma experiencia con el periódico francés Libération. En aquella ocasión contesté: "Supongo que por el ser masoquista que llevo dentro de mí". Desde entonces, no he tenido ningún motivo para cambiar mi respuesta.
Antonio Tabucchi
Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: "No me queda otra". Las respuestas posibles son todas plausibles pero con un punto de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Por qué tenemos miedo de vivir? ¿Por qué tenemos nostalgia de la infancia? ¿Por qué el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Por qué queríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos y no debíamos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Boudelaire: la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción.
Andrés Trapiello
¿Para que escribe uno? Para responder sin afectación algún día esta pregunta. Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una "tragedia del alma", y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.
Kirmen Uribe
En noviembre de 2007 tuve la suerte de asistir como escritor invitado a la clase de escritura creativa de Anthony MacCann, en el CalArts de Los Ángeles. Anthony me contó que los mejores de cada promoción son fichados por las grandes productoras para trabajar como guionistas de series de televisión. Se hacen ricos. Los "peores", por el contrario, se dedican a la poesía.
Uno empieza a escribir en la tierna adolescencia por mímesis, porque quiere crear algo parecido a aquello que ha leído. Más tarde, en su juventud, cree que escribir puede hacer mejorar el mundo. Luego se convence de que el suyo es, al fin y al cabo, un oficio. Sin embargo, ahora mismo me doy cuenta que escribo, sencillamente, porque disfruto mucho haciéndolo. Me encanta quedarme solo y escribir. "Un solitario impulso de delicia" me lleva a escribir, como diría Yeats en su poema Un aviador irlandés prevé su muerte. Disfruto casi tanto como los "peores" de CalArts, que tumbados en el césped del campus con un libro en las manos, levantaban la mirada para ver pasar las nubes. Yo, en la clase de Anthony, sería, sin duda, del grupo de los poetas.
Mario Vargas Llosa
Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura.
En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida.
La famosa frase de Flaubert que siempre cito: "Escribir es una manera de vivir". En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura.
Juan Gabriel Vásquez
Escribo porque me irrita y me entristece el desorden del mundo, y descubrí hace mucho tiempo que en la buena ficción el mundo tiene un orden o su desorden tiene un sentido. Escribo porque mi inteligencia es limitada y sólo soy capaz de entender lo que viene en palabras. Escribo, por lo tanto, porque no entiendo o porque ignoro: "escribe sobre lo que conoces" me parece el consejo más idiota del mundo, porque se escribe, precisamente, para conocer. Escribo porque no he encontrado otra manera de vivir varias vidas, de ser varias personas, sin hacer daño o poner en riesgo a los que me rodean (y aun así les he hecho daño muchas veces, muchas veces los he puesto en riesgo). Escribo porque, como leí en alguna parte, la imaginación transforma la experiencia en conocimiento.
Manuel Vicent
Si esta pregunta se me hubiera formulado hace muchos años, cuando empecé a escribir, mi respuesta habría sido más romántica, más literaria, más estúpida. Probablemente habría contestado que escribía para crear un mundo a mi imagen, para poder leer el libro que no encontraba en mi biblioteca, para no suicidarme, para enamorar a una niña, para influir en la sociedad o tal vez cínicamente porque no servía para nada más, ni siquiera para arreglar un enchufe. Sin olvidar lo que este oficio tiene de vanidad y de narcisismo, a estas alturas de la profesión creo que escribo porque es un trabajo que me gusta, que unas veces me sale bien y otras mal, pero en cualquier caso la literatura ya forma parte de un mismo impulso vital que me sirve para sentirme a gusto todavía en este mundo, sin que espere gran cosa de su resultado.
Enrique Vila-Matas
Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer una lazada en mis zapatos. Y también por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. Este tipo de habilidades no nos llaman la atención, por ser muy familiares. Pero, en algún tiempo remoto, un antepasado hizo la primera lazada. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quién habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.
Juan Eduardo Zúñiga
El jardincillo parece envejecido con los fríos de noviembre y el suelo está cubierto de las hojas caídas de una acacia. Dejo de mirarlo desde la ventana, estoy solo en el cuarto vacío donde tengo los juguetes y los cuentos, en las paredes sujetas con chinchetas hay dos láminas referentes a un país extranjero y extranjero es el autor de un libro que cojo, y me aprendo su nombre: Michel Zevaco. Leo el final del segundo capítulo: un hombre busca sin parar en un cofre lleno de joyas y no encuentra lo más importante para él. Me extraña esto ¿más valioso que joyas ? Tengo al lado un cuaderno y lápiz, sin pensar escribo: "Él buscaba algo entre las joyas ..." y sigo escribiendo, sigo así hasta hoy.



