Ich

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Halloween Town, Spain
No soy tan loca como imaginan ni tan cuerda como quisieran. Soy un sueño destilado, una esencia enfrascada en cristal, el viento que abanican tus pestañas... yo soy... nada.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Hasta siempre, amigo Benedetti


Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.




"El otro yo"
MARIO BENEDETTI (1920-2009)

martes, 5 de mayo de 2009

La torre de marfil


A veces, un amigo, a las 2 de la mañana, sacude los cimientos de tu torre de marfil...




MANIFIESTO POPULISTA

Poetas, abandonad vuestros armarios,
abrid vuestras ventanas, abrid vuestras puertas,
habéis estado demasiado tiempo enterrados
en vuestros mundos de clausura. .
Bajad, bajad,
de vuestras Colinas Rusas y vuestras Colinas Telégrafos,
vuestras Colina Faro, y vuestras Colinas Capilla,
vuestros Montes Análogos y vuestros Montparnasse,
bajad a pie colinas y montañas.
Bajad de vuestras cúpulas y poltronas.
Los árboles caen todavía
y no volveremos a los bosques nunca más..
No hay tiempo ahora para sentarse en ellos
mientras los hombres queman su propia casa
para cocinar a su cerdo.
No más cánticos Hare Krisna
mientras arde Roma.
Está quemándose San Francisco,
en el Moscú de Mayakowski está ardiendo
la gasolina fósil de la vida.
La Noche y el Caballo se acercan
comiendo luz, calor y poder
y las nubes tienen pantalones.
No hay tiempo para que el artista se esconda
encima, más allá o detrás de los escenarios,
indiferente, limpiándose las uñas,
refinándose fuera de la existencia.
No hay tiempo para nuestros pequeños juegos literarios,
no hay tiempo para nuestras paranoias y nuestras hipocondrías,
no hay tiempo para el miedo ni para el enojo,
sólo hay tiempo para la luz y el amor.
Hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación
destruidas por el aburrimiento en las lecturas poéticas.
La poesía no es una sociedad secreta,
no es un templo tampoco.
Palabras secretas y cantos ya no sirven.
Ya concluyó la hora del Om,
viene la hora del lamento,
la hora del lamento y del regocijo,
viene el final de la civilización industrial
de lo que perjudica al hombre y a la tierra.
Es la hora de encarar el exterior
en la posición del loto
con los ojos abiertos de par en par,
la hora de abrir vuestras bocas
con un nuevo discurso abierto,
la hora de comunicarse con todos los seres que sienten,
todos vuestros Poetas de las Ciudades,
colgados en los museos, yo incluido,
todos vosotros poetas para poetas que escribís poesía
sobre poesía,
todos vosotros poetas de lenguas muertas
y deconstruccionistas,
todos vosotros talleres de poesía
en los sótanos del corazón de América,
todos los domeñados en la casa de Ezra Pound,
todos vosotros poetas monstruosos cortados a patrón,
todos vosotros poetas concretos y estresados,
todos vosotros poetas cumilingües,
todos vosotros poetas de servicio de pago que os quejáis con graffitti,
todos vosotros versificadores del Metro incapaces de hacer rima
todos vosotros maestros del haiku
en las siberias de América,
todos vosotros ciegos ilusos,
todos vosotros supersurrealistas que os ocultáis a vosotros mismos,
todos vosotros visionarios de habitación
y agitadores de retrete,
todos vosotros poetas grouchomarxistas
y camaradas de la clase ociosa
que vagueáis todo el día
y habláis acerca de la clase proletaria.
Todos vosotros anarquistas católicos de la poesía
todos vosotros montañeros negros de la poesía
todos vosotros bramanes de Boston y bucólicos de Bolina
todos vosotros canguros de la poesía
todos vosotros hermanos zen de la poesía
todos vosotros amantes suicidas de la poesía
todos vosotros profesores greñudos de la poesía
todos vosotros reseñistas de la poesía
bebiendoos la sangre del poeta
todos vosotros policías de la poesía
¿dónde están los niños salvajes de Whitman?
¿dónde las voces fabulosas que recitan
con sentido de la dulzura y de lo sublime?
¿dónde la nueva visión fabulosa,
la fabulosa perspectiva del mundo?
¿la elevada canción profética
de la tierra inmensa
y todo lo que canta en ella
y nuestro vínculo con eso?
Poetas, descended
a la calle del mundo una vez más
y abrid vuestras mentes y vuestros ojos
con el antiguo deleite visual,
aclarar vuestras gargantas y hablad alto,
la poesía está muerta, larga vida a la poesía
de ojos terribles y fuerza de búfalo.
No esperéis a la revolución
o sucederá sin vosotros,
parad de susurrar y gritad
con una nueva poesía abierta de par en par
con un nuevo lugar público de sentido común
con otros niveles de subjetividad
otros niveles subversivos,
un tenedor incrustado en el interior del oído
para cavar la superficie.
De vuestro propio dulce yo que aún canta
hay que declarar la palabra colectiva
la poesía el común vehículo
para transportar al público
a lugares más elevados
de los que otros vehículos pueden alcanzar.
La poesía aún cae de los cielos
a nuestras calles todavía abiertas.
No han abandonado las barricadas todavía,
las calles aún vivas con caras
de adorables hombres y mujeres
que se pasean aún por allí,
hay criaturas adorables por todas partes aún,
en los ojos de todos el secreto de todos
sigue enterrado todavía,
los niños salvajes de Whitman todavía duermen allí,
despertaros y cantad al aire libre.



Lawrence Ferlinghetti









Gracias por el terremoto.

domingo, 12 de abril de 2009

Glup


Los domingos escribo. Los domingos, me duele la cabeza y suele ser de aburrimiento, o del peso de toda la maldita semana, que se acumula ahí, en las sienes. Los domingos me da por pensar y por autotorturarme con cosas como "Debí haber dicho...", "Si lo llego a saber no voy...", "La próxima vez no lo hago...", y demás milongas absurdas que no sirven de nada, porque para el próximo domingo seguiré sin haber dicho lo que tenía que decir, yendo adonde no quería ir, y volviendo a hacer "eso" que dije que no haría. Pero la vida es así. ¿Así? ¡Pues maldita sea, menuda soberana mierda! Te pasas la puñetera adolescencia rebelándote contra ella, y al final, no te queda más asqueroso remedio que pasar por el aro y ver con tristeza que si no quieres estar solo, has de no decir lo que tenías que decir, ir adonde no querías, y volver a hacer aquello en lo que juraste no reincidir. Y además, quedarte tranquilo con frases como "la vida es así". Tragar, tragar, tragar... Tragar para no defraudar, tragar para no discutir, tragar y tragar siempre como si nos gustara. Ahora que, en lo de engullir mierda, siempre hay quien deglute y quien no, suele ser una dicotomía que se basa en un apestoso "dar-recibir". Unos dan y dan, y otros reciben y reciben. En este caso y al contrario de lo que pueda parecer, es el individuo activo, el dador, el que traga; mientras que el pasivo, que también da, claro está, pero menos, no se da -valga la redundancia- nunca cuenta ( o no quiere dársela) de absolutamente nada. Y yo me pregunto, ¿llegará un momento en el que te ahogues o sencillamente el desagüe se atrancará?Porque antes, esto de escribir me hacía las veces de desatascador. Pero por eso de dar, dar y dar y dar y dar, pues me quedo sin tiempo, oiga. Di que he oído de gente que empezó haciendo cosas que no le gustaban en absoluto y terminaron dominando la técnica, si no, que se lo pregunten a alguna artista de los blow jobs, que para el caso que nos ocupa es bastante ilustrativo...
Entretanto tarareo canciones de Inexistentes ("[...]Mierda de guión, yo creí que mi vida era un peliculón[...]"), y de Stravaganzza ("[...] Y en soledad, me lamento[...]"), y brindo con Neobrufén 600 por todo el tiempo perdido, mi sueño frustrado de ser cantante de heavy melódico y la guitarra abandonada, la carrera de Bellas Artes que no hice, las clases de ballet y piano que nunca tomé, y el libro de viajes que nunca escribiré.
El futuro se vislumbra turbio, amigos, pero siempre nos quedará el bukkake.

domingo, 5 de abril de 2009

Burbuja


Las mujeres creemos que con cortarnos el pelo después de un palo duro, todo cuanto nos asfixiaba pasa a la historia, cortado de raíz exactamente igual que si fuera un mechón. ¿Acaso somos gilipollas? Porque cuando sales de la peluquería toda tu mierda sigue estando ahí, intacta, por más higiénica que quieras ser. Pero, inconscientemente, y por lo general, tendemos a la tijera, o al tinte, o a la ropa nueva, o a viajar lejos, todo dependiendo del grado de desesperación y pasta que tengas. Ojalá en un TACHÁN!!, PLAS!!, VOILÀ!!, se esfumaran las cosas como voluta de humo de cigarro. Pero no. Cambiamos el espacio porque no podemos cambiar el tiempo, y eso, queridas mías, no sirve de nada, así que dejaros crecer la melena. Por cierto que hablando de tabaco, la otra noche fumé. Sí. Teníamos un pompero, de esos de hacer pompas de jabón. Se me ocurrió la feliz idea de echar humo a través del circulito que se moja en el mejunje jabonoso, y surgió la maravilla, todo el bareto mirando ensimismado cómo las burbujas flotaban en el aire, espeso de sudores. Es todo un espectáculo explotar la esfera transparente y ver cómo el humo pierde su forma redonda y se expande. Buena alternativa también, ¿no? Soplar los problemas adentro de una gran, gran burbuja. "Maniobras de escapismo", lo llaman los Love of lesbian. Supongo que cada uno tiene la suya, y que yo pronto encontraré la mía. De momento, como no he conseguido otro pompero, los voy encajando lo mejor que sé, cual piezas de Tetris, con la musiquita Arcade bien alta, para ahogar los tambores de las procesiones de Semana Santa.

martes, 10 de marzo de 2009

Acabo de llevarme un chasco. Lo que me ha llevado a reflexionar sobre la propia palabra. ¿Se dice "chasco", o "fiasco"? La RAE me saca de dudas:


chasco1.(Voz onomat.).1. m. Burla o engaño que se hace a alguien.2. m. Decepción que causa a veces un suceso contrario a lo que se esperaba. Buen chasco se ha llevado Mariano.

fiasco.(Del it. fiasco).1. m. Fracaso, decepción. Sus amores terminaron en completo fiasco.

Tan grande es la decepción que mi mente ha seleccionado dos sinónimos para la misma, es increíble.
Voy a usar mi experiencia para advertir al personal que esté en disposición de convertirse en escritor: estáis a tiempo de retiraros. Sí, sí, habéis leído bien. Al menos, profesionalmente hablando. Corréis el riesgo de estampar vuestra cabecita llena de ilusiones literarias contra el muro de Papá Comercio y Mamá Dinero.
Todavía soy una inexperta en esto, pero ya voy viendo las desilusiones que mi amor por la escritura me va a ir proporcionando en pequeñas dosis. Seguramente, si las tolero bien, me haré inmune, como los niños de posguerra al matarratas. De momento no estoy por la labor.
Una acepta con gusto ser miembro de un concurso literario, y se traga 9 novelas en un mes, escudriñándolas meticulosamente hasta estar segura de cuál merece el primer premio, todo en temporada de exámenes en la universidad, un verdadero reto llevado a cabo por amor al arte, sí señor. Se reúne el jurado, se eligen tres novelas ex aequo, y se pone fecha para la entrega de premios. Hasta aquí todo genial, participar como miembro del jurado del concurso que te dio a conocer como escritora es un verdadero orgullo. Soy la persona más ingenua que pisa bajo las estrellas. Una semana antes de la entrega de premios, me avisan de que hay que descartar una de las novelas (el autor ha renunciado al premio por una oferta más interesante), y premiar a otra que sea de la zona, de lo contrario, descenderá la repercusión en los medios.
¿No se supone que estamos premiando la calidad? ¿Es que esto es un concurso regional? ¿Mi premio fue en realidad inmerecido?


Entre el Plan Bolonia y cositas así, se le revuelven a uno las tripas...

domingo, 22 de febrero de 2009


Es un maldito domingo cualquiera, las tantas de la madrugada, y yo practico la escritura automática, sin saber muy bien por qué ni para qué, que de eso se trata. Según Freud, eso sacaba de adentro, de la región oculta de la mente, las pulsiones internas reprimidas, y los surrealistas supieron aprovechar muy bien esa idea. Quizá la visita al MUSAC esta tarde me ha removido la conciencia artística.

Yo no sé qué quiero sacar o si quiero sacarme algo de adentro. Lo cierto es que aquí estoy, metida en la cama con el minúsculo portátil sobre las rodillas, esperando que salga algo bueno de mi ejercicio. Con suerte no me quedaré miope hasta dentro de 5 años. Cuando tenga 28 seré una profesorcilla gafapasta de las de coderas en la americana. Pero sexy, eso sí. Recuerdo que un buen amigo me dijo una vez que yo apuntaba a ser una treintañera cañón. Dios le oiga.

Lo cierto es que la escena parece de película, solo me falta el cigarrillo en la boca. Pero por mucho que uno chupe palitos de cáncer, las musas a veces pasan de la nicotina. Y eso, claro, hace que defeques mentalmente en Zeus, o lo que es lo mismo y para ser más clara, que te cagues en su padre.

Tengo la cabeza un tanto embotada, y pienso en lo bien que me sentaría dar una vuelta con el coche, ventanilla abajo. Pero los que intentamos hacer de la escritura una forma de vida tenemos dos problemas: la inspiración, y la pasta. Falta de ambas, lo cual está estrechamente relacionado. Es una ecuación sencilla: si no hay inspiración, no hay novelas, y si no hay novelas, no hay pasta. Si se rompe el coche y no hay pasta, hay coche roto. Luego no hay paseo ventanillas abajo ni ventanillas arriba. La cabeza sigue embotada, y las musas sin venir. ¡Maldito 15% de derechos de autor...no da para un carajo! Menos mal que sí hay anécdotas, como que la librera del pueblo me acuse supuestamente de competencia desleal por no llevarle ejemplares de mi libro (la señora no quiere entender que se vende en una librería virtual, cosa exigida por las bases del concurso que me lo publicó), o que el último viaje en coche fuera a empujón, gracias a un anónimo chofer jubilado que logró ayudarme a arrancarlo en el parking de la facultad. Y es que aun hay gente buena, no como los que se montan en su automóvil sin hacer caso omiso de que en sus narices hay un señor de 60 años y una cría empujando un coche, o los que tratan de sacar tajada como sea de los logros de una principiante.
No sé qué diría Freud de todo esto, seguramente lo relacionaría con un trauma sexual infantil. Yo digo que son las tres y media y su maldita escritura automática no ha dado ningún fruto comestible.

Y tras el embotamiento, llega Morfeo a darme un beso en la frente. Le pregunto por sus primas, y él me arropa y me arrulla mientras me cuenta que posiblemente en Honolulu, disfrutando de unos daiquiris y un buen masaje hawaiano.

Visto el panorama, decido que Hawai queda un pelín lejos y me enrollo con Morfeo, que me falla menos que sus parientes y además, besa muy bien.

sábado, 24 de enero de 2009

El rap del estropajo

"Se te va a pasar la vida limpiando el salón".
No lo digo yo, lo dice La Mala.
Frunce el ceño
y no me dice nada.
Es el rap del estropajo.
El arte de esquivar balas.
Pudrirse en la cocina
contándose las canas.
Planchar sus camisas,
oir sus chorradas,
llorar a destiempo
y no reirse nada.
Pero que esté todo limpio,
que el día se acaba,
y hay que entrar en el Guiness
del plumero y las chachas.
Y el delito no es estar
siempre en la suciedad,
es creer, es pensar,
que ese es tu lugar.
Si no eres una bruja,
tira esa escoba ya.
Hay muchas otras cosas
con las que podrás volar.
Es el rap del estropajo.
El arte de esquivar balas.
Sufrir las consecuencias
de una sociedad arcaica.
"Se te va a pasar la vida limpiando el salón".
Te lo digo yo. Lo calla toda España.

viernes, 16 de enero de 2009

El final de la inocencia


En términos de amor y odio, algo que a mi juicio no tiene por qué darse por separado, podría decirse que te estoy detestando ahora mismo. Que te detesto con todas mis ganas por no estar aquí, por despreciarme también, por dejar que esto se haya deteriorado tanto tanto tanto. Sí, te odio. Te echo mucho de menos, y eso me hiere. Además estás en las canciones y en las frases, en sentencias que yo te querría decir, en sones que te querría cantar. Pero de pronto recuerdo que ya no tenemos quince años, y que las cositas a nuestra edad se dicen a la cara. Olvido que las máscaras son el modo de mostrarnos complétamente desnudos, claro. Los cara a cara suelen evitarse. De todas formas es tarde. "Ya nada será igual, es el final de la inocencia".


Y Eva me canta al oído mientras conduzco el coche:


"Iba a hacer

una canción cruel,

escrita en tu honor,

que sacara de mí este veneno.

Pero en un sueño vi

tu alma

destrozada.

Y al despertar lloré

porque una vez

creí ser tu hermana".



Como digo, el amor y el odio no tienen por qué darse separados. Es curioso de hecho, cómo pueden pisarse uno y otro sentimiento, hasta entorpecer los acercamientos y los perdones. Bendito orgullo humano. Lo deshecho, lo desaucio, lo exilio. Sabina me recuerda que te echo de menos. Yo le digo que:


"No quise retenerla, ¿de qué hubiera servido

deshacer las maletas del olvido?

Pero no sé qué diera por tenerla ahora mismo

mirando por encima de mi hombro lo que escribo".




Ay, amigo Sabina, qué difícil es hacerse mayor...



sábado, 20 de diciembre de 2008

En una noche diurna, enrojecida de alas...


Me fumo un cigarrillo de aire asomada a la ventana. Me gusta ver las volutas de vaho saliendo de mi boca, rasgando el mar de mercurio del cielo. Son como espectros, y no provocan cáncer ni adicción. Pero yo soy adicta, lo reconozco. Apenas comienza a helar, saco la boca por la ventana y me pongo a fumar aire congelado; todo el que puedo antes de los primeros síntomas de hipotermia. Las cuchillas del frío en la cara son mi perdición.

Luego suelo vagabuendear por la casa a oscuras, disfrutando el subidón, en una suerte de éxtasis místico. Y sueño que bebo True Blood, y que puedo caminar descalza por los tejados, desafiando a los gatos. Por cierto que el gato Risón (o gato de Cheshire) me ha acompañado esta noche. Está harto del Sombrerero Loco. Ya no le fía. ¡Maldito camello de polvo de luna! Le he ofrecido un cigarrillo de aire, y le ha gustado. Quizá mañana quedemos también a la hora de las brujas.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Punto para ti


Cuando todo se acaba, y lo sabes, por más que trates de despistarte a ti mismo, es una derrota fatal. Hay ciertos golpes que no se perdonan, por más que te esfuerces, pos más que los obvies. Son apagones de cigarro en la carne de allá adentro, del alma, creo que se llama, o lo que sea. Es increible cómo vamos fraguando esa derrota de a poquito, cómo vamos levantando muros sin querer, cómo alejamos lo que era hermano, lo que éramos nosotros mismos.


Podría ser cruel, podría odiar, podría dejar de ser quien soy... pero no estoy preparada para eso. Me gusta más que me pisoteen que pisotear. LLamadlo masoquismo, X, inconsciencia, estupidez... Pero cuando todo se acaba, y lo sabes, eso no te sirve de nada. Ni escarbar en la culpa, ni en la conciencia. Ni entrenar en la venganza. Ni nada.


Enhorabuena, has ganado, me rindo, aunque no sabía que esto era una competición. Punto para ti.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La mirada del tuerto...


Eso se suele decir cuando se tiene mala suerte, ¿no?: que "te ha mirado un tuerto"-que pobrecitos tuertos, digo yo-. Pues a mí han debido de mirarme unos tres o cuatro a un mismo tiempo, quizá cuando iban a cruzar la calle de camino a la tienda de ojos de cristal. Ya se sabe, primero miras a la izquierda, luego a la derecha... Y ¡pLAS! Date por jodido si interfieres en su campo de visión. Te sale la nubecita gris encima de la cabeza, lloviendo y tronando incansablemente. Y claro, terminas constipándote.


Lo malo de la mala suerte es que puede pasar de ser mala- valga la redundancia- a ser funesta en un santiamén. Vaya, que si la nubecita toca mucho la moral y te compras un paraguas, es posible no solo que se rompa, sino que una de las varillas se te clave en un ojo, pasando a formar parte del gremio tuerto que no solo la sufre, sino que también -al parecer- la contagia. Hablando claro, te puedes convertir en gafe, agorero, cenizo, aguafiestas y demás sinónimos. Esto, señoras y caballeros, es lo que me ha ocurrido a mi esta semana. No he podido tener peor suerte. Bueno, de hecho creo que no la tengo ni buena ni mala, sino que no la tengo.


No solo he sufrido la nubecita y el consiguiente constipado, sino que se me ha estropeado el coche, olvidé en casa la entrada para el concierto de Stravaganzza del viernes, estoy recluída en casa por la nevada, y tengo un puteo que lejos de alejarse, está alejando a los míos por si saltan chispas... Y hay males peores,ya, pero en este momento, no me sirven de consuelo.



Y ya que de ojos va la cosa, os dejo un microrrelato que encontré en mi frustración agorera. Desconozco el nombre del autor, pero es muy interesante:





Perdió el ojo. Y lo peor: jamás volvió a encontrarlo. Fue un jueves por la
tarde. La ciudad estaba revuelta y ella caminaba sin rumbo, arrastrando los pies
y la tristeza. Lo vio pasar. Se cruzaron un segundo. Le echó el ojo.
Nunca
pudo recuperarlo.



sábado, 1 de noviembre de 2008

Todos los Santos...


... años igual.

Hoy me he congelado en el cementerio. Ha sido la primera vez que llegamos a tiempo para la misa. Voy por respeto. Me parece un desfile carvalesco e inútil. Para ser más clara, lo odio. Siempre llueve, siempre hay que soportar un sermón, siempre hay que ver a gente a la que no quieres ver... Para una persona sin fe como yo, no tiene ningún sentido. Prefiero la noche de ayer, por muy americana que sea la tradición de Halloween. Es una forma "alegre" de verlo, creo yo. Y una excusa perfecta para poder ponerme mis colmillos de vampiro sin que me miren como a una esquizofrénica. Hacía un frío de mil demonios, y la nieve terminó por echarnos del Barrio Húmedo. Fue bastante extraño todo. En el baño del "Local" pude ver a dos tíos saliendo del váter y celebrando en voz alta su polvo mientras una ristra de meones esperábamos impacientes para entrar a profanar aquel improvisado y maloliente templo del amor. Estaba mareadísima. Mareada, no borracha. Tenía que conducir a casa, así que como no sé que hacer con las manos las noches que no sujeto una Mahou, me puse a fumar. No lo hago habitualmente, y el propio tabaco me reprochó tal comportamiento- fruto de la inercia- con un maravilloso colocón.

Mientras surcaba con el coche a 60 Km/h el mar de niebla que me separaba de mi cama, tuve mucho tiempo de reflexionar. Me pregunté en qué se diferenciaba lo que hacía esa noche de lo que iba a hacer por la mañana en el cementerio. Me refiero a ese dejarse llevar, a ese hacer las cosas "porque sí" (léase fumar, asistir a misa, o peinar bombillas). Hacer las cosas por decoro, por tradición, por vergüenza, por moda, por... porque sí. Salir, beber, el rollo de siempre; en Todos los Santos llevar flores a una losa gris y comer buñuelos de viento y huesos de santo...

Aun así, ya digo que me he congelado en el cementerio, como todos los años, y he vuelto a escuchar eso de "Eres el vivo retrato de tu abuela", y he vuelto a ver el mismo especial de Halloween de los Simpsons de siempre, y a guardar los colmillos en su caja esperando que llegue la próxima ocasión para ponérmelos... ¿Costumbre? No lo sé...

miércoles, 29 de octubre de 2008

Tempus fugit


Vengo a vomitar palabras bajo los influjos oscuros del té negro, a saber, el de mayor contenido en teína que existe. Es lo que nos queda a los que detestamos el café. Digamos que me espera un día duro...

Está nevando afuera. Pero no cuaja. Cómo echo de menos aquellas nevadas hasta medio muslo... aquellas resbaletas que bajábamos haciendo del trasero un trineo, auquel "No, mamá, pero si no tengo frío" mientras te castañeteaban los dientes, aquel chocolate caliente con frisuelos de la abuela mientras se te descongelaban los dedos al calor de la chapa de la lumbre... Mis recuerdos infantiles más felices lo he vivido bajo una bufanda de lana, curtiéndome al frío del norte. Hoy el gélido soplido del cielo me ha traído aires con regusto de niñez.

El tiempo ha cambiado. Y no me refiero solo al climático, como es evidente, sino al tiempo en sí. A medida que crecemos, se va encogiendo, hasta prácticamente desaparecer, como una paradoja cruel. Los tiempos de nevada no solo eran felices, sino largos. Había tiempo para los trineos, para la matanza en San Martino en la cálida cocina de leña de mi abuelo, para la Navidad alegre y con regalos... Ahora, en un parpadeo de ojos es primavera, y estoy harta de perderme el invierno. Sospecho que algún trasgu anda escondiéndome los minutos a pellizcos pequeños, y que por eso no me doy cuenta. Pero prácticamente desde el comienzo del curso no he tenido ni un hueco de soledad para poder ponerme nostálgica, para desempolvar la pluma y llenar un folio, para mancharme los dedos de carboncillo o arrancarle alguna canción a Penumbra, mi guitarra. Voy dejándolo todo para más adelante, para mañana, para dentro de un rato... Y eso conlleva no solo la acumulación de tareas, sino también la de trastos. El bazar de mi cuarto está a punto de desplomarse, y no comprendo cómo ha llegado a tal estado siendo una maniática del orden como he sido siempre. El caso es que miro atrás y no recuerdo cuándo empezó todo (de nuevo el trasgu me hace jugarretas con la memoria); me refiero al desorden, a la pésima organización que me carcome. Creo que se debe a un desorden interior que ha terminado por plasmarse fuera, y como estoy llevando a cabo la empresa imposible de volver a los orgígenes, esta tarde he decidido dedicarla a ordenar mi habitación, sin siestas ni descanso de por medio (no quiero darle más oportunidades a ese pillo duende).

De ahí el delicioso té, que de paso me calienta las manos, pues sigue nevando afuera. La guinda sería un chocolate de mi abuela. Pero hay cosas a las que desgraciadamente, no se puede volver.

sábado, 18 de octubre de 2008

Con el miedo entre las uñas...


De pronto te veo cruzando la carretera, haciendo el mismo trayecto de regreso a casa que yo espiaba hace unos 5 años desde la ventana, cuando salías del entrenamiento... Es curioso, antesdeayer hizo 4 años de aquel fatídico domingo de octubre... el día más frío que recuerdo. Y la sensación de vértigo en el estómago es la misma de siempre.

En mitad de mi felicidad actual surgen los típicos: "¿Y si...?". Porque no soportaría otro octubre helado, otro domingo triste, otro período eterno de recuperación. Así que cruzo los dedos con el miedo entre las uñas, y me abrazo los huesos, de los que Alguien ha logrado sacarme el frío. Solo por eso merece la pena volver a hacer equilibrios sobre la cuerda floja. Así que no me importa cuantas veces pases frente a mi casa a partir de ahora con el pasado de la mano, recordándome lo fácil que es caer. Confiar es volar. Y si me precipito, haber rozado el cielo será recompensa suficiente.

miércoles, 15 de octubre de 2008

The blood is the life...


"Estampar mis ideas contra una pared, en estarcido de sangre sobre yeso". Es lo que escribí a quince minutos de acabar la clase de Tendencias de la Teoría Literaria Actual, al dictado del duende de la inspiración. Lo releo y parece un cóctel de rabia y expresión. Supongo que la olla expres de mi mente tenía que perder la válvula en algún momento. Lo que me da miedo es que salpique.

Hay días que me apetece suicidarme, saltar de una azotea, salpicar de carmines las cortinas de la ducha. Qué colorista, ¿verdad? Que conste que mi bañera no tiene cortinas, y que de tenerlas, no lo haría, sé cuánto cuesta quitar las manchas de sangre. Es solo que no soy realmente consciente de lo que supone morir, y que lo imagino como una bofetada sanadora. Me explico: amo la vida, quiero seguir existiendo y hacer grandes cosas. Cuando mi melancolía y mi ansiedad aprietan el nudo alrededor de mi cuello quisiera ponerme en una situación límite para despertar y agarrar lo que tengo -hablando en plata- con dos ovarios. No arriesgaría el pellejo, oiga. No, no. No me refiero a eso. Diciéndolo de un modo simple: entiendo que un segundo antes de saltar al vacío sería capaz de valorar en plenitud lo que poco a poco voy construyendo (digo en plenitud, no que ahora no lo valore), que algo cambiaría. Me atrae el vértigo que causa pensarlo, puede ser por lo bonito que nos lo vende el romanticismo gótico. Acercarse (con cuidado) a la muerte me parece catártico. Purificador. Renovador. Lejos de lo escatológico y lo morboso. Y que conste en acta que no he dicho morir. Hago tantas aclaraciones porque soy consciente de lo que piensan algunas miradas inquietas que leyeron la frase que encabeza el texto sin mi permiso. Porque sé lo fácil que resulta dejarse llevar por la simpleza y asociar un tipo de vestuario con la depravación, y más aun, con el satanismo. Porque sé cuánto se teme a La de la Guadaña, y que la vida y la muerte son caras de una moneda a la que la gente prefiere borrar la cruz. Supongo que es lógico, y que yo vivo en continuo spleen. Pero la sangre es la vida, señores. Y a mí me inspira y me conforta.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Apicula


No sé qué me ocurre... He bajado a la calle descalza, y solo me he dado cuenta de ello cuando una abeja revoloteaba en mi pie. En silencio he deseado que me picara, para ver si con eso logro despertarme, desprenderme la piel de este estado de aturdimiento...

Cuando lo más interesante que haces un sábado por la noche es limpiar los botes de lápices del escritorio... tienes un problema. Pero es que en este agujero todo el mundo te empuja a ser antisocial. Y a veces, claro, me carcome la ansiedad. Y no es que rechace ni menosprecie los lápices, ojo, que llevan siendo mis amigos mucho más tiempo que los pinceles. Es solo que estoy algo crecidita para que mis dibujos sean suficiente, como lo eran antes. Digamos que estoy atrapada entre mi yo del pasado, y este otro nuevo yo que quiere volver a participar un poco de su infancia. Digamos que la niña se ha cansado del zumo de lúpulo y las crónicas ebrias del rock & roll. Digamos que la amistad era todo cuento, como los reyes magos.

Cuando la abeja se ha ido me he sentado en la acera a sopesar mi locura. He concluído que desde mi escala, es sana. Ustedes, opinen lo que quieran.

Love´s the funeral of hearts...